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1 Corintios 3

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Pablo predicó a los corintios sólo los primeros rudimentos. Por lo que a mí respecta, hermanos, no pude hablaros como a hombres penetrados del espíritu, sino como a influenciados por la «carne», como a niños en Cristo.

2Os di a beber leche; no os ofrecí manjar sólido, porque aún no lo admitíais. Y ni siquiera ahora lo admitís,

3porque todavía sois endebles en la fe. Desde el momento que dais lugar entre vosotros a envidias y contiendas, ¿no es verdad que os dejáis llevar por la «carne», que os movéis por principios puramente humanos?

4Siempre que uno dice: «Yo soy de Pablo», y otro: «Yo de Apolo», ¿no es verdad que procedéis por miras puramente humanas?

5El apóstol es ministro y colaborador de Dios. Porque, vamos a ver: ¿Quién es Apolo? y ¿quién es Pablo? Servidores, cada uno según la gracia que le dio el Señor; y por medio de los cuales llegasteis a abrazar la fe.

6Yo planté; Apolo regó; pero Dios hacía crecer.

7Por lo tanto, ni el que planta ni el que riega son algo, sino Dios que da el crecimiento.

8El que planta y el que riega desempeñan un mismo oficio (bien que cada cual recibirá su remuneración conforme a su trabajo),

9pues somos cooperadores de Dios. Vosotros sois arada de Dios, edificación de Dios.

10El apóstol tiene que dar cuenta de sus actos a sólo Dios. Conforme a la gracia que Dios me dio, yo, como buen arquitecto, puse los cimientos; otro va edificando encima. (Cada uno mire cómo edifica;

11pues en cuanto al fundamento nadie puede poner otro sino el que está ya puesto, Jesucristo.)

12Y, según edifique uno sobre este fundamento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja,

13se pondrá en evidencia su obra: El día del juicio la dará a conocer porque se manifestará en fuego; y el fuego hará ver de qué cualidad es la obra de cada cual.

14Aquel constructor cuya obra resista, recibirá su remuneración.

15Pero aquel cuya obra sea reducida a cenizas, se verá defraudado. El, sin embargo, se salvará, pero a duras penas, como quien pasa por el fuego.

16¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el espíritu de Dios habita en vosotros?

17El que destruya el templo de Dios, será destruido por Dios; porque el templo de Dios es santo y ese templo sois vosotros.

18Exhortaciones a huir de la sabiduría mundana. Nadie se engañe. El que crea ser sabio entre vosotros, según los principios de este siglo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

19La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios. Dice a este propósito la escritura: Yo cazaré a los sabios en su astucia.

20Y también: Sabe el Señor que son vanas las razones de los sabios.

21Así que, nadie ponga su gloria en los hombres.

22Que todo os pertenece: Ya Pablo, ya Apolo, ya Cefas, ya el mundo, ya la vida, ya la muerte, ya lo presente, ya lo futuro: todo es vuestro

23y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

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