Zacarías 12
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1¡Levántate, espada, contra mi pastor, contra mi ayudante! –oráculo del Señor Todopoderoso–. Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas; volveré mi mano contra los pequeños.
2En todo el país –oráculo del Señor– dos tercios serán arrancados y perecerán, y quedará sólo un tercio.
3Ese tercio lo pasaré por fuego, lo purificaré como al oro, lo limpiaré como a la plata. Después me llamará y yo le contestaré; diré: Son mi pueblo, y ellos dirán: El Señor es mi Dios.
4Oráculo. Palabra del Señor para Israel. Oráculo del Señor que desplegó el cielo, cimentó la tierra y formó el espíritu del hombre dentro de él.
5Miren: voy a hacer de Jerusalén una copa embriagadora para todos los pueblos vecinos; también Judá estará en el asedio de Jerusalén.
6En aquel día haré de Jerusalén una piedra muy pesada para todos los pueblos: cuando se alíen contra ella todas las naciones del mundo, el que intente levantarla se herirá con ella.
7Aquel día –oráculo del Señor– haré que se espanten los caballos y se asusten los jinetes; pondré mis ojos en Judá y cegaré los caballos de los paganos.
8Las tribus de Judá se dirán: Los vecinos de Jerusalén cobran fuerzas gracias al Señor Todopoderoso, su Dios.
9Aquel día haré de las tribus de Judá un incendio en el bosque, una antorcha entre la paja, devorarán a derecha e izquierda a todos los pueblos vecinos. Mientras Jerusalén seguirá habitada en su sitio.
10El Señor salvará las tiendas de Judá como antiguamente: así ni la dinastía davídica ni los vecinos de Jerusalén mirarán con orgullo a Judá.
11Aquel día escuchará el Señor a los vecinos de Jerusalén: el más inseguro se sentirá fuerte como David, el sucesor de David será un dios, como un ángel del Señor al frente de ellos.
12En aquel día me dispondré a aniquilar a todas las naciones que invadan Jerusalén.
13Sobre la dinastía davídica y los vecinos de Jerusalén derramaré un espíritu de gracia y de súplica. Al mirarme traspasado por ellos mismos, harán duelo como por un hijo único, llorarán como se llora a un primogénito.
14Aquel día el luto de Jerusalén será tan grande como el de Hadad-Rimón, en el valle de Meguido.