Sabiduría 8
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Se despliega con vigor de un extremo al otro y gobierna el universo con acierto.
2La quise y la busqué desde muchacho y la pretendí como esposa, enamorado de su hermosura.
3Su unión con Dios realza su nobleza, porque la ama el que es Señor de todos;
4ella conoce los secretos de Dios y elige lo que él hace.
5Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿quién es más rico que la Sabiduría, que lo realiza todo?
6Y si es la prudencia quien lo realiza, ¿quién, sino la Sabiduría, es la autora de todo cuanto existe?
7Si alguien ama la justicia, las virtudes serán el fruto de sus esfuerzos; es maestra de templanza y prudencia, de justicia y fortaleza; para los hombres no hay en la vida nada más provechoso que esto.
8Y si alguien ambiciona una rica experiencia, ella conoce el pasado y adivina el futuro, sabe los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas, comprende de antemano los signos y prodigios, y el desenlace de cada momento, de cada época.
9Por eso decidí unir nuestras vidas, seguro de que sería mi consejera en la dicha, y mi alivio en las preocupaciones y tristezas:
10Gracias a ella me elogiará la asamblea, y, aun siendo joven, me honrarán los ancianos;
11en los juicios lucirá mi agudeza y seré la admiración de los monarcas;
12si callo, estarán a la expectativa; si tomo la palabra, prestarán atención, y si me alargo hablando, se llevarán la mano a la boca.
13Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad y dejaré a la posteridad un recuerdo imperecedero.
14Gobernaré pueblos, someteré naciones;
15soberanos temibles se asustarán al oír mi nombre; con el pueblo me mostraré bueno, y en la guerra, valeroso.
16Al volver a casa, descansaré a su lado, porque su trato no produce amargura, su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra.
17Esto es lo que yo pensaba y sopesaba en mi corazón: la inmortalidad consiste en tener parentesco con la Sabiduría;
18su amistad es noble gozo; el trabajo de sus manos, riqueza inagotable; su trato familiar, prudencia; conversar con ella, celebridad; entonces me puse a buscarla, tratando de llevármela a casa.
19Yo era un niño bueno por naturaleza, dotado de un alma bondadosa;
20mejor dicho, siendo bueno, entré en un cuerpo sin mancha.
21Al darme cuenta de que sólo me la ganaría si Dios me la otorgaba –y ya era un signo de prudencia saber el origen de este don–, me dirigí al Señor y le supliqué, diciendo de todo corazón:
22*
23*
24*
25*
26*
27*
28*
29*
30*
31*
32*