Lucas 5
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1La gente se agolpaba junto a él para escuchar la Palabra de Dios, mientras él estaba a la orilla del lago de Genesaret.
2Vio dos barcas junto a la orilla, los pescadores se habían bajado y estaban lavando sus redes.
3Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se apartase un poco de tierra. Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca.
4Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: –Navega lago adentro y echa las redes para pescar.
5Le replicó Simón: –Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos sacado nada; pero, ya que lo dices, echaré las redes.
6Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes.
7Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Llegaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
8Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús y dijo: –¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!
9Ya que el temor se había apoderado de él y de todos sus compañeros por la cantidad de peces que habían pescado.
10Lo mismo sucedía a Juan y Santiago, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Jesús dijo a Simón: –No temas, en adelante serás pescador de hombres.
11Entonces, amarrando las barcas, lo dejaron todo y le siguieron.
12Mientras Jesús se encontraba en un pueblo se presentó un leproso; el cual, viendo a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicaba: –Señor, si quieres, puedes sanarme.
13Extendió la mano y le tocó, diciendo: –Lo quiero, queda sano. Al instante se le fue la lepra.
14Y Jesús le ordenó: –No se lo digas a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés.
15Su fama se difundía, de suerte que una gran multitud acudía a escucharlo y a sanarse de sus enfermedades.
16Pero él se retiraba a lugares solitarios a orar.
17Un día estaba enseñando y entre los asistentes había unos fariseos y doctores de la ley llegados de los pueblos de Galilea y Judea y también de Jerusalén. Él poseía fuerza del Señor para sanar.
18Unos hombres, que llevaban en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo y colocarlo delante de Jesús.
19Como no encontraban por donde meterlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, por el tejado, lo descolgaron con la camilla poniéndolo en medio, delante de Jesús.
20Viendo su fe, le dijo: –Hombre, tus pecados te son perdonados.
21Los fariseos y los letrados se pusieron a discurrir: –¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién, fuera de Dios, puede perdonar pecados?
22Jesús, leyendo sus pensamientos, les respondió: ¿Qué están pensando?
23–¿Qué es más fácil? ¿Decir: se te perdonan los pecados, o decir: levántate y camina?
24Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados –dijo al paralítico–, yo te digo: levántate, carga con tu camilla y vuelve a tu casa.
25Al instante se levantó delante de todos, cargó con lo que había sido su camilla, y se fue a su casa dando gloria a Dios.
26El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios; sobrecogidos decían: –Hoy hemos visto cosas increíbles.
27Al salir vio a un recaudador de impuestos, llamado Leví, sentado junto a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dijo: –Sígueme.
28Dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29Leví le ofreció un gran banquete en su casa. Había un gran número de recaudadores de impuestos y otras personas sentados a la mesa con ellos.
30Los fariseos y letrados murmuraban y preguntaban a los discípulos: –¿Cómo es que comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores?
31Jesús les replicó: –No tienen necesidad del médico los que tienen buena salud, sino los enfermos.
32No vine a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.
33Ellos le dijeron: –Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen sus oraciones, y lo mismo hacen los discípulos de los fariseos; en cambio los tuyos comen y beben.
34Jesús les contestó: –¿Pueden los invitados a la boda hacer ayuno mientras el novio está con ellos?
35Llegará un día en que el novio les será quitado, y aquel día ayunarán.
36Y les propuso una comparación: –Nadie corta un trozo de un vestido nuevo para remendar uno viejo. Porque sería arruinar el nuevo, y el trozo nuevo no quedará bien con el vestido viejo.
37Nadie echa vino nuevo en odres viejos; pues el vino nuevo reventaría los odres, se derramaría y los odres se echarían a perder.
38El vino nuevo se ha de echar en odres nuevos.
39Nadie que ha bebido el vino viejo quiere vino nuevo; porque dice: el añejo es mejor.