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Jeremías 25

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1El año cuarto del reinado de Joaquín, hijo de Josías, en Judá, que corresponde al año primero del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, recibió Jeremías este mensaje para todo el pueblo judío,

2y el profeta Jeremías se lo comunicó a todos los judíos y a todos los vecinos de Jerusalén:

3Desde el año trece del reinado en Judá de Josías, hijo de Amón, hasta el presente día –en total, veintitrés años–, he recibido la Palabra del Señor y se la he predicado puntualmente, y no me han escuchado.

4El Señor les enviaba puntualmente a sus siervos los profetas, y no quisieron escuchar ni prestar oído.

5Los exhortaban: Que se convierta cada uno de su mala conducta y de sus malas acciones, y volverá a la tierra que el Señor les entregó a ustedes y a sus padres, desde siempre y para siempre.

6Y no sigan a dioses extranjeros para servirlos y adorarlos, no me irriten con las obras de sus manos, y no les haré ningún mal.

7No me escucharon –oráculo del Señor–, me irritaron con las obras de sus manos, para su propia desgracia.

8Por eso, así dice el Señor Todopoderoso: Puesto que no escucharon mis palabras

9yo mandaré a buscar a los pueblos del norte y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, siervo mío; lo traeré a esta tierra, contra sus habitantes y los pueblos vecinos; los consagraré al exterminio, los convertiré en espanto, burla y ruina perpetua.

10Haré cesar la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia, el ruido del molino y la luz de la lámpara.

11Toda esta tierra quedará desolada, y las naciones vecinas estarán sometidas al rey de Babilonia durante setenta años.

12Pasados los setenta años –oráculo del Señor–, pediré cuentas al rey de Babilonia y a su nación de todas sus culpas, y convertiré en desierto perpetuo el país de los caldeos.

13Cumpliré en su país todas las amenazas que pronuncié contra él; todo lo escrito en este libro.

14Ellos, a su vez, estarán sometidos a muchas naciones y a reyes poderosos; les pagaré sus acciones, las obras de sus manos.

15El Señor, Dios de Israel, me dijo: –Toma de mi mano esta copa de aguardiente y dásela a beber a todas las naciones adonde te envío.

16Que beban y se tambaleen y enloquezcan ante la espada que arrojo en medio de ellos.

17Tomé la copa de mano del Señor y se la hice beber a todas las naciones a las que me envió el Señor:

18A Jerusalén y a los pueblos de Judá, a sus reyes y nobles, para convertirlos en ruina y desolación, en burla y maldición. Cosa que sucede hoy.

19Al faraón, rey de Egipto, a sus ministros, sus nobles y todo su pueblo y sus muchedumbres.

20A los reyes de Hus y de Filistea: Ascalón, Gaza, Ecrón y el resto de Asdod.

21A Edom, Moab y Amón;

22a todos los reyes de Tiro y Sidón y a los reyes de las costas lejanas que están más allá del mar;

23a Dedán, Temá, Buz y a todos los de cabeza rapada;

24a todos los reyes de Arabia y de los beduinos que viven en el desierto;

25y a todos los reyes de Zimrí, de Elam y de Media;

26a todos los reyes del norte, próximos y remotos, uno tras otro, y a todos los reyes de la superficie terrestre. Y después de todos ellos, beberá el rey de Sesac.

27Les dirás: Así dice el Señor Todopoderoso, Dios de Israel: Beban, emborráchense, vomiten, caigan para no levantarse, ante la espada que yo arrojo entre ustedes.

28Y si se niegan a tomar la copa de tu mano para beber, les dirás: Así dice el Señor Todopoderoso: Tienen que beber.

29Porque si en la ciudad que lleva mi Nombre comencé el castigo, ¿van ustedes a quedar impunes? No quedarán impunes, porque yo reclamo la espada contra todos los habitantes del mundo, oráculo del Señor Todopoderoso.

30Y tú profetízales diciendo lo siguiente: El Señor ruge desde la altura, clama desde su mansión santa, ruge y ruge contra su pueblo, entona la copla de los pisadores de uva contra todos los habitantes del mundo;

31el eco resuena hasta los confines de la tierra, porque el Señor entabla pleito con los paganos, viene a juzgar a todos los hombres y hará ejecutar a los culpables –oráculo del Señor–.

32Así dice el Señor Todopoderoso: Miren la catástrofe pasar de nación en nación, un terrible huracán se agita en los extremos del mundo.

33Aquel día las víctimas del Señor ocuparán la tierra de punta a punta, no los recogerán, ni enterrarán, ni les harán duelo, serán como estiércol sobre el campo.

34Giman, pastores; griten, revuélquense en el polvo, encargados del rebaño; les ha llegado el día de la matanza y caerán como carneros hermosos;

35no hay escapatoria para los pastores, no hay salida para los encargados del rebaño.

36Se oye el grito de los pastores, el gemido de los encargados del rebaño, porque el Señor ha destruido sus pastos;

37están silenciosas las prósperas praderas, por el incendio de la ira del Señor;

38abandonan, como un león su guarida, sus tierras, que están desoladas, por el incendio devastador, por el incendio de su ira.

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