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Jeremías 11

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Palabras que el Señor dirigió a Jeremías:

2–Escucha los términos de esta alianza y comunícaselos a los judíos y a los vecinos de Jerusalén.

3Diles: Así dice el Señor, Dios de Israel: Maldito el que no obedezca los términos de esta alianza,

4que yo impuse a sus padres cuando los saqué de Egipto, de aquel horno de hierro: Obedézcanme y hagan lo que les mando; así serán mi pueblo y yo ser su Dios.

5Así cumpliré la promesa que hice a sus padres de darles una tierra que mana leche y miel. Hoy es un hecho. Yo respondí: –Amén, Señor.

6Y el Señor me dijo: –Proclama estas palabras en los pueblos de Judá y en las calles de Jerusalén: Escuchen los términos de esta alianza y cúmplanlos.

7Yo se lo advertí a sus padres cuando los saqué de Egipto, y hasta hoy he repetido mi advertencia: Obedézcanme.

8Ellos no escucharon ni prestaron oído, sino que cada uno seguía la maldad de su corazón endurecido. Por eso hice caer sobre ellos las maldiciones de la alianza, porque no hicieron lo que yo les mandaba.

9El Señor me dijo: –Judíos y habitantes de Jerusalén se han puesto de acuerdo

10para volver a los pecados de sus antepasados, que rehusaron obedecer mis mandatos; siguen y sirven a dioses extranjeros. Israel y Judá han quebrantado la alianza que establecí con sus padres.

11Por eso, así dice el Señor: Yo les enviaré una calamidad de la que no podrán librarse; me gritarán y no les oiré.

12Entonces los pueblos de Judá y los vecinos de Jerusalén irán a gritar a los dioses a quienes quemaban incienso; pero ellos no podrán salvarlos en la hora de su desgracia.

13Tenías tantos dioses como poblados, Judá; hiciste tantos altares como calles, Jerusalén; altares para ofrecer sacrificios a Baal.

14Y tú no intercedas por este pueblo, no supliques a gritos por él, que no escucharé cuando me invoquen en la hora de su desgracia.

15¿Qué busca mi amada en mi casa?, ¿ejecutar sus intrigas?, ¿podrán los votos y la carne inmolada apartar de ti la adversidad, para que lo celebres con gritos estrepitosos?

16El Señor te llamó olivo verde de fruto excelente; pero si le prende fuego, se queman sus ramas.

17El Señor Todopoderoso, que te plantó, pronuncia una amenaza contra ti, por la maldad de Israel y de Judá, que me irritaron quemando incienso a Baal.

18El Señor me enseñó y me hizo comprender lo que hacían:

19Tus hermanos y tu familia, también, te son desleales, ellos te calumnian a la espalda; no te fíes aunque te digan buenas palabras.

20Yo, como cordero manso llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que tramaban contra mí: Cortemos el árbol que está en todo su vigor, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que su nombre no se pronuncie más.

21Pero tú, Señor Todopoderoso, juzgas rectamente, sondeas las entrañas y el corazón; a ti he encomendado mi causa, que logre desquitarme de ellos.

22Tú, Señor, me examinas y me conoces; tú sabes cuál es mi actitud contigo; apártalos como a ovejas destinadas al matadero, resérvalos para el día del sacrificio.

23Así sentencia el Señor contra los vecinos de Anatot, que intentan matarte, diciéndote: No profetices en Nombre del Señor si no quieres morir en nuestras manos.

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