Isaías 52
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1¡Despierta, despierta, vístete de tu fuerza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, Santa Ciudad!, porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros.
2Sacúdete el polvo, ponte de pie, Jerusalén cautiva; desátate las correas del cuello,
3porque así dice el Señor: por nada fueron vendidos y sin pagar los rescataré.
4Porque así dice el Señor: Al principio mi pueblo bajó a Egipto, para residir allí como extranjero; al final, Asur lo oprimió.
5Pero ahora, ¿qué hago yo aquí? –oráculo del Señor–. A mi pueblo se lo llevan por nada, sus dominadores lanzan aullidos –oráculo del Señor– y todo el día sin cesar desprecian mi Nombre.
6Por eso mi pueblo reconocerá mi Nombre, comprenderá aquel día que era yo el que hablaba, y aquí estoy.
7¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: Ya reina tu Dios!
8Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.
9Estallen en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén.
10El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
11¡Fuera, fuera! Salgan de allí, no toquen nada impuro. ¡Salgan de ella! ¡Purifíquense, los que llevan los vasos del Señor!
12No saldrán apresurados ni se irán huyendo, porque al frente de ustedes marcha el Señor, y en la retaguardia, el Dios de Israel.
13Miren, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.
14Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre ni tenía aspecto humano;
15así asombrará a muchos pueblos; ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo que nunca se había visto y contemplar algo inaudito.