Isaías 48
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Escuchen esto, casa de Jacob, que llevan el nombre de Israel, y brotan de la semilla de Judá, que juran por el Nombre del Señor, e invocan al Dios de Israel, pero sin verdad ni rectitud,
2aunque toman nombre de la Ciudad Santa y se apoyan en el Dios de Israel, cuyo nombre es Señor Todopoderoso.
3El pasado lo predije de antemano: de mi boca salió y lo anuncié; de repente lo realicé y sucedió.
4Porque sé que eres obstinado, que tu cuello es una barra de hierro y tu frente es de bronce;
5por eso te lo anuncié de antemano, antes de que sucediera te lo predije, para que no dijeras: Mi ídolo lo ha hecho, mi estatua de leño o metal lo ha ordenado.
6Lo oíste; míralo todo, ¿por qué no lo anuncias?, y ahora te predigo algo nuevo, secretos que no conoces;
7ahora son creados, y no antes, ni de antemano los oíste, para que no digas: Ya lo sabía.
8Ni lo habías oído ni lo sabías, aún no estaba abierta tu oreja; porque yo sabía lo pérfido que eres, que desde el vientre de tu madre te llaman rebelde.
9Por mi Nombre modero mi cólera, por mi honor me contengo para no aniquilarte.
10Mira, yo te he refinado como plata, te he probado en el crisol de la desgracia;
11por mí, por mí lo hago: porque mi Nombre no ha de ser profanado y mi gloria no la cedo a nadie.
12Escúchame, Jacob; Israel, a quien llamé: yo soy, yo soy el primero y yo soy el último.
13Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó el cielo; cuando yo los llamo, se presentan juntos.
14Reúnanse todos y escuchen: ¿quién de ellos lo ha predicho? Mi amigo cumplirá mi voluntad contra Babilonia y la raza de los caldeos.
15Yo, yo mismo he hablado y lo he llamado, lo he traído y he dado éxito a su empresa.
16Acérquense y escuchen esto: No hago predicciones en secreto, y cuando sucede, ya estoy yo allí –y ahora el Señor Dios me ha enviado con su espíritu–.
17Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu provecho, te guío por el camino que sigues.
18Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar;
19tu descendencia sería como la arena, como sus granos, los retoños de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.
20¡Salgan de Babilonia, huyan de los caldeos! Con gritos de júbilo anúncienlo y proclámenlo, publíquenlo hasta el confín de la tierra. Digan: el Señor ha redimido a su siervo Jacob.
21No pasaron sed cuando los guió por el desierto, agua de la roca hizo brotar, partió la roca y brotó agua.