Isaías 10
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1¡Ay de los que decretan leyes injustas, de los notarios que registran vejaciones,
2que dejan sin defensa al desamparado y niegan sus derechos a los pobres de mi pueblo, que hacen su presa de las viudas y saquean a los huérfanos!
3¿Qué harán el día de la cuenta, cuando la tormenta lejana se eche encima? ¿A quién acudirán buscando auxilio y dónde depositarán su fortuna,
4para no ir encorvados con los prisioneros y no caer con los asesinados? Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano.
5¡Ay Asiria, vara de mi ira, bastón de mi furor!
6Contra una nación impía lo despaché, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para que entrase a saquear y lo despojase y lo pisase como barro de la calle.
7Pero él no pensaba así, no eran ésos sus cálculos; su propósito era aniquilar, exterminar no pocas naciones.
8Decía: ¿No son todos mis ministros reyes?
9¿No fue Calno como Cárquemis? ¿No fue Jamat como Arpad? ¿No fue Samaría como Damasco?
10Como mi mano se apoderó de reinos insignificantes y de sus imágenes...
11Lo que hice con Samaría y sus imágenes, ¿no lo voy a hacer con Jerusalén y sus ídolos?
12–Cuando termine el Señor toda su tarea en el monte Sión y en Jerusalén, exigirá cuentas de sus conquistas a su orgullo, a la arrogancia altanera de sus ojos–.
13Él decía: Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi talento, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a los jefes de sus sitiales.
14Mi mano tomó, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, agarré toda la tierra, y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.
15–¿Cómo?, ¿se envanece el hacha contra el leñador?, ¿se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño.
16Por eso, el Señor Todopoderoso meterá debilidad en su gordura, y debajo del hígado le encenderá una fiebre como un fuego abrasador.
17La Luz de Israel se convertirá en fuego, su Santo en una llama que arderá y devorará sus zarzas y cardos en un solo día.
18El esplendor de su bosque y de su huerto lo consumirá Dios de médula a corteza, será como un enfermo que se apaga;
19y quedarán tan pocos árboles de su bosque, que un niño podrá contarlos.
20Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, no volverán a apoyarse en su agresor, sino que se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel.
21Un resto volverá, un resto de Jacob, al guerrero divino:
22aunque fuera tu pueblo, Israel, como arena del mar, sólo un resto volverá a él; la destrucción decretada rebosa justicia.
23El Señor va a cumplir en medio de la tierra la destrucción decretada.
24Por eso, así dice el Señor Todopoderoso: Pueblo mío, que habitas en Sión, no temas a Asiria, aunque te hiera con la vara y alce su bastón contra ti, a la manera egipcia;
25porque dentro de muy poco la ira se acabará y mi furor los aniquilará.
26El Señor Todopoderoso sacudirá contra ellos su látigo, como cuando hirió a Madián en Sur Oreb, como cuando alzó su bastón contra el mar, en el camino de Egipto.
27Aquel día su carga resbalará de tu hombro, arrancarán su yugo de tu cuello.
28Sube del lado de Rimón, llega hasta Ayat, atraviesa Migrón, revisa las armas en Micmás.
29Desfilan por el desfiladero, hacen noche en Guibeá; alarmada está Ramá, Guibeá de Saúl ha huido.
30Clama a voces, Villa de Galín; escúchala, Lais; contesta, Anatot.
31Madmená va desbandada, los vecinos de Guebín buscan refugio.
32Hoy mismo hace alto en Nob, y ya agita la mano contra el monte Sión, la colina de Jerusalén.
33Miren, el Señor Todopoderoso desgaja con violencia el ramaje, son talados los árboles más elevados, los más altos se desploman;
34es cortada a hachazos la espesura del bosque y a manos del Poderoso el Líbano va cayendo.