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Hebreos 10

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1La ley es sombra de los bienes futuros, no su presencia verdadera. Con los mismos sacrificios ofrecidos periódicamente cada año, la ley nunca puede hacer perfectos a los que se acercan.

2Porque si los hubiera purificado definitivamente, al no tener conciencia de pecado, los que rinden culto habrían dejado de ofrecerlos.

3Por el contrario, estos sacrificios sirven para hacerles recordar sus pecados cada año,

4ya que la sangre de toros y cabras no puede perdonar pecados.

5Por eso, al entrar en el mundo dijo: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo.

6No te agradaron holocaustos ni sacrificios expiatorios.

7Entonces dije: Aquí estoy, he venido para cumplir, oh Dios, tu voluntad –como está escrito de mí en el libro de la ley–.

8Primero dice que no ha querido ni le han agradado ofrendas, sacrificios, holocaustos ni sacrificios expiatorios que se ofrecen legalmente;

9después añade: Aquí estoy para cumplir tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.

10Y en virtud de esa voluntad, quedamos consagrados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

11Todo sacerdote se presenta a oficiar cada día y ofrece muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar pecados.

12Cristo, en cambio, después de ofrecer un único sacrificio por los pecados, se sentó para siempre a la derecha de Dios

13y se queda allí esperando a que pongan a sus enemigos como estrado de sus pies.

14Porque con un solo sacrificio llevó a perfección definitiva a los consagrados.

15También el Espíritu Santo nos lo atestigua, al decir:

16Ésta es la alianza que haré con ellos en el futuro –oráculo del Señor–: pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su conciencia.

17Me olvidaré de sus pecados y delitos.

18Ahora bien, si son perdonados, ya no hace falta ofrenda por el pecado.

19Por la sangre de Jesús, hermanos, tenemos libre acceso al santuario;

20por el camino nuevo y vivo que inauguró para nosotros a través del velo del templo, a saber, de su cuerpo.

21Tenemos un sacerdote ilustre a cargo de la casa de Dios.

22Por tanto, acerquémonos con corazón sincero, llenos de fe, purificados por dentro de la mala conciencia y lavados por fuera con agua pura.

23Mantengamos sin desviaciones la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel.

24Ayudémonos los unos a los otros para incitarnos al amor y a las buenas obras.

25No faltemos a las reuniones, como hacen algunos, antes bien animémonos mutuamente tanto más cuanto que vemos acercarse el día del Señor.

26Porque si, después de recibir el conocimiento de la verdad, pecamos deliberadamente, ya no queda otro sacrificio por el pecado,

27sino la espera angustiosa de un juicio y el fuego voraz que consumirá a los rebeldes.

28Quien quebrantaba la ley de Moisés, era ejecutado sin compasión por el testimonio de dos o tres testigos.

29Cuánto más será castigado, entonces, quien pisotee al Hijo de Dios, profane la sangre de la alianza que lo consagró y afrente al Espíritu de la gracia.

30Conocemos al que dijo: Mía es la venganza, a mí me toca retribuir, y también: El Señor juzgará a su pueblo.

31Qué terrible es caer en manos del Dios vivo.

32Recuerden los primeros días, cuando, recién iluminados, sostuvieron el duro combate de los padecimientos:

33unos expuestos públicamente a injurias y malos tratos, otros solidarios de los que así eran tratados.

34Compartieron las penas de los encarcelados, aceptaron gozosos que los privaran de sus bienes, sabiendo que poseían bienes mayores y permanentes.

35Por tanto, no pierdan la confianza, que ella les traerá una gran recompensa.

36A ustedes les hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y obtener lo prometido.

37Todavía un poco, muy poco, y el que ha de venir vendrá sin tardanza.

38Mi justo vivirá por la fe; pero si se echa atrás, no me agradará.

39Nosotros no pereceremos por echarnos atrás, sino que salvaremos nuestra vida por la fe.

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