Ezequiel 6
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Me dirigió la palabra el Señor:
2–Hijo de hombre, mira a los montes de Israel y profetiza contra ellos.
3¡Montes de Israel, escuchen la Palabra del Señor! Esto dice el Señor a los montes y a las colinas, a las quebradas y a los valles: ¡Atención!, que yo mando la espada contra ustedes para destruir sus santuarios;
4serán arrasados sus altares y rotas sus imágenes sagradas; haré que caigan sus muertos delante de sus ídolos.
5–Arrojaré los cadáveres de los israelitas delante de sus ídolos–. Esparciré sus huesos en torno a sus altares.
6En todos los lugares donde ustedes habiten serán arruinadas las aldeas y arrasadas las lomas; hasta que queden arruinados y arrasados sus altares, rotos y destruidos sus ídolos, arrancados sus altares para quemar incienso y borradas todas sus obras.
7Los muertos yacerán entre ustedes, y sabrán que yo soy el Señor.
8Dejaré que algunos escapen de la espada a otras naciones, y cuando se dispersen por sus territorios,
9los que se salven se acordarán de mí en las naciones adonde los deporten; les desgarraré el corazón adúltero, que se apartó de mí y los ojos que fornicaron con sus ídolos; sentirán asco de sí mismos por lo mal que se portaron, por sus prácticas idolátricas.
10Y sabrán que yo, el Señor, no en vano los amenacé con estos castigos.
11Esto dice el Señor: Golpea las palmas y bailotea, y grita: ¡Bien por las graves prácticas idolátricas de la casa de Israel!, que a espada, de hambre y de peste caerán.
12El que está lejos morirá de peste, el que está cerca caerá a espada y el que aún quede vivo de hambre morirá. Agotaré mi cólera contra ellos.
13Y sabrán que yo soy el Señor cuando sus muertos estén tirados junto a sus ídolos en torno a sus altares, en las altas colinas, en la cima de los montes, al pie de los árboles frondosos y al pie de las copudas encinas, santuarios donde ofrecían a sus ídolos oblaciones de aroma que aplaca.
14Extenderé mi mano contra ellos y haré del país un desierto desolado –todos los poblados desde el desierto hasta Ribla–. Y sabrán que yo soy el Señor.