Eclesiástico (Sirácide) 50
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1El más grande de los hermanos y honor de su pueblo es el sacerdote SIMEÓN, hijo de Juan. En su tiempo se reparó el templo, en sus días se restauró el santuario,
2en su tiempo cavaron el depósito de agua y un estanque grande como el mar,
3en sus días reconstruyeron las murallas con torreones para el palacio real;
4protegió a su pueblo del saqueo y fortificó la ciudad para el asedio.
5Qué majestuoso cuando salía de la tienda asomando detrás de las cortinas:
6como estrella luciente entre nubes, como luna llena en día de fiesta,
7como sol refulgente sobre el palacio real, como arco iris que aparece entre nubes,
8como rama florida en primavera, como azucena junto a un riachuelo, como rama de cedro en verano,
9como incienso ardiendo sobre la ofrenda, como cadena de oro con piedras preciosas engarzadas,
10como olivo frondoso cargado de olivas, como árbol balsámico de espeso ramaje.
11Cuando se ponía el traje de gala y vestía los ornamentos de fiesta, cuando subía al altar glorioso dando realce a la explanada del santuario,
12cuando de pie, junto al fuego del altar, recibía de sus hermanos las porciones, rodeado de una guirnalda de jóvenes como pimpollos de cedros del Líbano y lo cercaban como sauces junto al río
13los hijos de Aarón, engalanados; y ante toda la asamblea de Israel presentaba los dones al Señor.
14Cuando terminaba el servicio del altar y preparaba la ofrenda del Altísimo,
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16aclamaban los sacerdotes aaronitas tocando las trompetas labradas, aclamaban, y su voz majestuosa resonaba proclamando la presencia del Altísimo;
17todo el pueblo a una se apresuraba a arrodillarse rostro en tierra, para adorar la presencia del Altísimo, la presencia del Santo de Israel;
18mientras los cantores entonaban sobre suave acompañamiento de arpegios,
19todo el pueblo cantaba suplicando al Misericordioso. Cuando terminaba el servicio del altar y de ofrecer a Dios lo establecido,
20bajaba, y alzando las manos hacia la asamblea de Israel, pronunciaba la bendición del Señor, honrándose con el Nombre del Señor.
21De nuevo el pueblo se arrodillaba para recibir la bendición del Altísimo.
22Y ahora bendigan al Señor, Dios de Israel, que ha hecho maravillas en la tierra, que cría al hombre desde el vientre materno y lo forma a su voluntad.
23Él les conceda sabiduría y que reine la paz entre ustedes.
24Que el Señor mantenga su fidelidad con Simón y le cumpla las promesas que le hizo a Fineés, y no deje de cumplirlas ni a él ni a su descendencia mientras dure el cielo.
25Dos naciones aborrezco y la tercera ya no es pueblo:
26los habitantes de Seír y Filistea y el pueblo necio que habita en Siquén.
27Enseñanza prudente, consejos oportunos de Simón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirá, como brotaban de su meditación y los pronunciaba con sabiduría. 28 Dichoso el que los medite, el que los estudie se hará sabio, 29 el que los cumpla tendrá éxito, porque respetar al Señor es vivir.