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Eclesiastés 5

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Vigila tus pasos cuando vas a la casa de Dios, porque la obediencia es más aceptable que los sacrificios de los necios, que obran mal sin darse cuenta.

2Cuando presentes un asunto a Dios, no te apresures, ni con los labios ni con el pensamiento. Dios está en el cielo y tú en la tierra: sean tus palabras contadas.

3En lo que soñamos asoman nuestras preocupaciones, en las muchas palabras se escucha al necio.

4Una vez hecha una promesa a Dios, no tardes en cumplirla; no le agradan los necios, lo prometido cúmplelo.

5Mejor no hacer promesas que hacerlas y no cumplirlas.

6No dejes que tu boca te haga culpable de pecado ni digas después al mensajero que fue por inadvertencia; pues Dios se irritará al oírte y hará fracasar tus empresas.

7Muchas preocupaciones traen pesadillas, muchas palabras traen falsas ilusiones; tú respeta a Dios.

8Si ves que en una región el pobre es oprimido, y son quebrantados el derecho y la justicia, no te extrañes de tal situación: cada autoridad tiene una superior, y una suprema vigila sobre todas.

9Con todo, sale ganando el país si el rey está al servicio del campo.

10El que ama el dinero siempre quiere más y el avaro no lo aprovecha: también esto es pura ilusión.

11Aumentan los bienes y aumentan los que se los comen, y lo único que saca el dueño es verlo con sus ojos.

12Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma poco; al rico, sus riquezas no lo dejan dormir.

13Hay una cosa lamentable que he observado bajo el sol: riquezas guardadas que perjudican al dueño.

14En un mal negocio pierde sus riquezas, y el hijo que le nació se queda con las manos vacías.

15Como salió del vientre de su madre, así volverá: desnudo; y nada se llevará del trabajo de sus manos.

16También esto es una cosa lamentable: tiene que irse igual que vino, y, ¿qué sacó de tanto trabajo? Viento.

17Para colmo, toda su vida se la pasa en tinieblas, entre muchos disgustos, enfermedades y rencores.

18Ésta es mi conclusión: lo bueno y lo que vale es comer, beber y disfrutar de todo el esfuerzo que uno realiza bajo el sol los pocos años que Dios le concede. Ésta es la recompensa.

19Si Dios le concede a un hombre riquezas y posesiones y le permite comer de ellas, tomar la parte que le corresponde y disfrutar de su trabajo, eso sí que es don de Dios.

20Porque si Dios inunda de alegría su corazón, no pensará mucho en la brevedad de su vida.

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