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Daniel 3

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto por tres de ancho, y la colocó en la llanura de Dura, provincia de Babilonia.

2Mandó convocar a los gobernadores, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y autoridades de provincia para que acudieran a la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor.

3Se reunieron los gobernadores, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y autoridades de provincia para la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor, y mientras estaban de pie frente a ella,

4el heraldo proclamó con voz potente:

5–A todos los pueblos, naciones y lenguas: cuando oigan tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, se postrarán para adorar la estatua que ha erigido el rey Nabucodonosor.

6El que no se postre en adoración será inmediatamente arrojado dentro de un horno de fuego ardiente.

7Así, pues, cuando los diversos pueblos oyeron tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron adorando la estatua de oro que Nabucodonosor había erigido.

8Entonces unos caldeos fueron al rey a denunciar a los judíos:

9–¡Viva el rey eternamente!

10Su majestad ha decretado que cuantos escuchen tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos se postren adorando la estatua de oro,

11y el que no se postre en adoración será arrojado dentro de un horno de fuego ardiente.

12Pues bien, hay unos judíos, Sidrac, Misac y Abed-Nego –a quienes has encomendado el gobierno de la provincia de Babilonia–, que no obedecen la orden real, ni veneran a tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has erigido.

13Nabucodonosor, terriblemente enfurecido, ordenó que trajeran a Sidrac, Misac y Abed-Nego, y cuando los tuvo delante, les dijo:

14–¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abed-Nego, que no respetan a mis dioses ni adoran la estatua que he mandado levantar?

15Miren: si al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el láud, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos están dispuestos a postrarse adorando la estatua que he hecho, háganlo; pero si no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro del horno de fuego ardiente, y, ¿qué Dios los librará de mis manos?

16Sidrac, Misac y Abed-Nego contestaron:

17–Majestad, a eso no tenemos por qué responder. Si es así, el Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos.

18Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has levantado.

19Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abed-Nego y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre,

20y ordenó a algunos de sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abed-Nego y los echasen en el horno de fuego ardiente.

21Así, vestidos con sus pantalones, camisas, gorros y demás ropa, los ataron y los echaron en el horno de fuego ardiente.

22La orden del rey era terminante y el horno estaba al rojo vivo; sucedió que las llamas envolvieron y devoraron a los que conducían a Sidrac, Misac y Abed-Nego;

23mientras los tres, Sidrac, Misac y Abed-Nego, caían atados en el horno de fuego ardiente.

24Entonces el rey, totalmente sorprendido, se levantó apresuradamente y preguntó a sus consejeros: –¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno? Le respondieron: –Así es, majestad.

25Preguntó: –¿Entonces cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino.

26Y acercándose a la puerta del horno encendido, dijo: –Sidrac, Misac y Abed-Nego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan aquí.

27Sidrac, Misac y Abed-Nego salieron del horno. Los gobernadores, ministros, prefectos y consejeros se acercaron para ver a aquellos hombres a prueba de fuego: no se les había quemado el pelo, los pantalones estaban intactos, ni siquiera olían a chamuscados.

28Nabucodonosor entonces dijo: –Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron enfrentar el fuego antes que venerar y adorar a otro dios fuera del suyo.

29Por eso decreto que quien blasfeme contra el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, de cualquier pueblo, nación o lengua que sea, sea hecho pedazos y su casa sea derribada. Porque no existe otro Dios capaz de librar como éste.

30El rey dio cargos a Sidrac, Misac y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. Paseaban por las llamas alabando y dando gracias a Dios. 25 Azarías se detuvo a orar, y abriendo los labios en medio del fuego, dijo: 26 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, alabado y glorificado tu Nombre por siempre. 27 Lo que has hecho con nosotros está justificado: todas tus acciones son justas, tus caminos son rectos, tus sentencias son justas. 28 Son justas las sentencias que has ejecutado contra nosotros, contra tu Ciudad Santa, la Jerusalén de nuestros padres; con justicia y derecho lo has ejecutado todo por nuestros pecados. 29 Porque hemos cometido toda clase de pecados, alejándonos de ti, rebelándonos contra ti, hemos cometido toda clase de pecados, hemos quebrantado los preceptos de tu ley; 30 no hemos puesto por obra lo que nos habías mandado para nuestro bien. 31 Por eso, todo lo que nos has enviado y nos has hecho, lo has hecho con justicia. 32 Nos entregaste en poder de nuestros enemigos, impíos, malvados y rebeldes, del rey más injusto y perverso del mundo. 33 Ya no podemos abrir la boca, porque la vergüenza abruma a tus siervos y a tus fieles. 34 ¡Por el honor de tu Nombre!, no nos abandones para siempre, no rompas tu alianza, no nos niegues tu misericordia. 35Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; 36 a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas. 37 Por nuestros pecados, Señor, somos hoy el más pequeño de los pueblos, humillado por toda la tierra; 38 no tenemos ya ni príncipe, ni jefe, ni profeta, ni holocaustos, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso, ni lugar donde ofrecerte primicias y alcanzar tu misericordia. 39 Pero tenemos un corazón quebrantado y un espíritu humillado; recíbelos como si fueran una ofrenda de holocaustos de toros y carneros, de millares de gordos corderos. 40 Ése será el sacrificio que hoy te ofrecemos para aplacarte fielmente; porque los que confían en ti no quedan defraudados. 41 En adelante te seguiremos de todo corazón, te respetaremos, buscaremos tu rostro. No nos defraudes; 42 trátanos según tu ternura y tu gran misericordia; 43 líbranos, con tu poder maravilloso, y da gloria a tu Nombre, Señor. 44 Sean humillados los que nos maltratan, queden confundidos, pierdan el mando, sea destruido su poder 45 y sepan que tú, Señor, eres el Dios único, glorioso, en toda la tierra. Los criados del rey que los habían arrojado no cesaban de avivar el fuego. En el momento de echarlos, el horno estaba encendido siete veces más fuerte que de costumbre. Los criados que los echaron se encontraban en la parte superior, mientras otros, por debajo, alimentaban el fuego con petróleo, resina, estopa y leña. 47 Las llamas se alzaban veinticuatro metros y medio por encima del horno, 48 saltaron y consumieron a los caldeos que se encontraban cerca del horno. 49 Un ángel del Señor bajó adonde estaban Azarías y sus compañeros, expulsó las llamas fuera del horno, 50 metió dentro un viento húmedo que silbaba, y el fuego no los atormentó, ni los hirió, ni siquiera los tocó. 51 Entonces los tres, al unísono, ento naban cánticos y bendecían y glorificaban a Dios en el horno, diciendo: 52 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, a ti gloria y alabanza eternamente. Bendito sea tu Nombre, santo y glorioso, a él gloria y alabanza eternamente. 53 Bendito seas en el templo de tu santa gloria, a ti gloria y alabanza eternamente. 54 Bendito seas en tu trono real, a ti gloria y alabanza eternamente. 55 Bendito cuando cabalgas sobre querubines penetrando los abismos, a ti gloria y alabanza eternamente. 56 Bendito seas en el firmamento del cielo, a ti gloria y alabanza eternamente. 57 Criaturas todas del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 58 Ángeles del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 59 Cielos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 60 Aguas del espacio, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 61 Ejércitos del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 62 Sol y luna, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 63 astros del cielo, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 64 Lluvia y rocío, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 65 vientos todos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 66 fuego y calor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 67 fríos y heladas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 68 rocíos y nevadas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 69 témpanos y hielos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 70 escarchas y nieves, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 71 Noches y días, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 72 luz y tinieblas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 73 rayos y nubes, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 74 Que la tierra bendiga al Señor, cante en su honor eternamente; 75 montes y cumbres, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 76 cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, cante en su honor eternamente; 77 manantiales, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 78 mares y ríos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 79 cetáceos y cuanto se agita en el mar, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 80 aves del cielo, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 81 fieras y ganados, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente. 82 Hijos de los hombres, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 83 bendiga Israel al Señor, cante en su honor eternamente; 84 sacerdotes del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 85 servidores del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 86 almas y espíritus justos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 87 santos y humildes de corazón, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; 88 Ananías, Azarías y Misael, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente; porque los sacó de la fosa, los libró del poder de la muerte, los arrancó de la llama ardiente y los libró del fuego. 89 Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. 90 Alaben a Dios, todos los fieles de Dios, denle gracias con canciones, porque es eterna su misericordia y dura por los siglos de los siglos.

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