Cantar de los Cantares 8
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1¡Ah, si fueras mi hermano amamantado a los pechos de mi madre! Al encontrarte en la calle, te besaría, sin que la gente me despreciara.
2Te llevaría, te metería en la casa de mi madre, que te iniciaría. Te daría a beber vino aromático, el licor de mis granadas.
3Su izquierda bajo mi cabeza y su derecha me abraza.
4Les conjuro, muchachas de Jerusalén, que no despierten ni desvelen al amor que a él le plazca.
5¿Quién es Ésta que sube del desierto apoyada en su amado? –Te desperté bajo el manzano allí donde te concibió tu madre donde tu progenitora te dio a luz.
6Grábame como un sello en tu brazo, grábame como un sello en tu corazón, que el amor es fuerte como la muerte, la pasión más poderosa que el abismo; Sus dardos son dardos de fuego llamaradas divinas.
7Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni extinguirlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, sería sumamente despreciable.
8Tenemos una hermanita, sin pechos todavía. ¿Qué haremos con nuestra hermanita cuando sea pedida?
9Si es una muralla, te coronaremos con almenas de plata; si es una puerta, la reforzaremos con tablas de cedro.
10Yo soy una muralla, y mis pechos, como torres; pero a sus ojos soy mensajera de paz.
11Salomón tenía una viña en Betleamón; arrendó la viña a los guardas, y cada uno le traía por sus frutos mil monedas de plata.
12Mi propia viña es para mí; las mil monedas para ti, Salomón, y doscientas a los guardas.
13¡Mujer que yaces en el jardín –los compañeros están al acecho–, permíteme escuchar tu voz.
14Pasa, amado mío, sé como un gamo o un cervatillo, sobre las colinas de balsameras.