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Apocalipsis 21

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Vi un cielo nuevo y una tierra nueva. El primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, el mar ya no existe.

2Vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, bajando del cielo, de Dios, preparada como novia que se arregla para el novio.

3Oí una voz potente que salía del trono: Mira la morada de Dios entre los hombres: habitará con ellos; ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos.

4Les secará las lágrimas de los ojos. Ya no habrá muerte ni pena ni llanto ni dolor. Todo lo antiguo ha pasado.

5El que estaba sentado en el trono dijo: Mira, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, que estas palabras mías son verdaderas y dignas de fe.

6Y me dijo: Se terminó. Yo [soy] el alfa y la omega, el principio y el fin. Al sediento le daré a beber gratuitamente del manantial de la vida.

7El vencedor heredará todo esto. Yo seré su Dios y él será mi hijo.

8En cambio, los cobardes y desconfiados, los depravados y asesinos, los lujuriosos y hechiceros, los idólatras y embusteros de toda clase tendrán su lote en el foso de fuego y azufre ardiente –que es la muerte segunda–.

9Se acercó uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las últimas plagas y me habló así: Ven que te enseñaré la novia, la esposa del Cordero.

10Me trasladó en éxtasis a una montaña grande y elevada y me mostró la Ciudad Santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, de Dios,

11resplandeciente con la gloria de Dios. Brillaba como piedra preciosa, como jaspe cristalino.

12Tenía una muralla grande y alta, con doce puertas y doce ángeles en las puertas, y grabados [los nombres] de las doce tribus de Israel.

13A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, a occidente tres puertas.

14La muralla de la ciudad tiene doce piedras de cimiento, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero.

15El que hablaba conmigo tenía una caña de medir de oro, para medir la ciudad y las puertas y la muralla.

16La ciudad tiene un trazado cuadrangular, igual de ancho que de largo.

17Midió con la caña la ciudad: doce mil estadios: igual en longitud, anchura y altura. Midió la muralla: ciento cuarenta y cuatro codos, en la medida humana que usaba el ángel.

18El aparejo de la muralla era de jaspe, la ciudad de oro puro, límpido como cristal.

19Los cimientos de la muralla de la ciudad están adornados con piedras preciosas. El primer cimiento de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda,

20el quinto de ónice, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisopraso, el undécimo de turquesa, el duodécimo de amatista.

21Las doce puertas son doce perlas, cada puerta una sola perla. Las calles de la ciudad pavimentadas de oro puro, límpido como cristal.

22No vi en ella templo alguno, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo.

23La ciudad no necesita que la ilumine el sol ni la luna, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero.

24A su luz caminarán las naciones, y los reyes del mundo le llevarán sus riquezas.

25Sus puertas no se cerrarán de día. No existirá en ella la noche.

26Le traerán la riqueza y el esplendor de las naciones.

27No entrará en ella nada profano, ni depravados ni mentirosos; sólo entrarán los inscritos en el libro de la vida del Cordero.

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