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2 Macabeos 11

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Muy poco tiempo después, Lisias, tutor y pariente del rey y jefe de Gobierno, muy disgustado por lo ocurrido,

2reunió unos ochenta mil hombres y toda la caballería y avanzó contra los judíos, con el proyecto de establecer en Jerusalén colonos griegos,

3someter al templo al pago de impuestos como los demás santuarios de los paganos y poner en venta todos los años el cargo de sumo sacerdote.

4Ensoberbecido por las miríadas de soldados, los millares de jinetes y los ochenta elefantes, no se le ocurría pensar para nada en el poder de Dios.

5Cuando entró en Judá se aproximó a Bet-Sur, que es una fortaleza distante de Jerusalén unos veintiocho kilómetros, y la atacó.

6Cuando los del Macabeo recibieron la noticia de que Lisias estaba asediando las plazas fuertes, sollozando y llorando suplicaban al Señor, junto con el pueblo, que enviara un ángel bueno para salvar a Israel.

7El Macabeo en persona fue el primero en empuñar las armas, luego arengó a los demás, animándolos a socorrer a sus hermanos, y a enfrentar el peligro junto con él.

8Se lanzaron todos animosos, y allí, cerca todavía de Jerusalén, se les apareció, al frente del ejército, un jinete con vestiduras blancas, esgrimiendo armas de oro.

9Todos a una alabaron al Dios misericordioso, y quedaron enardecidos, dispuestos a derribar no sólo a hombres, sino a las fieras más feroces y a murallas de hierro.

10Avanzaban ordenadamente, teniendo un aliado celestial, porque el Señor se había compadecido de ellos.

11Se arrojaron contra el enemigo como leones, y dejaron tendidos a once mil de infantería y mil seiscientos jinetes, y obligaron a huir a los demás,

12pero la mayoría se salvaron con heridas y desarmados; el mismo Lisias se salvó huyendo vergonzosamente.

13Como no era tonto, reflexionó sobre la derrota que había sufrido, y pensando que los hebreos eran invencibles porque el Dios poderoso luchaba con ellos como aliado,

14les envió una embajada para proponerles un arreglo en términos justos y prometiendo persuadir al rey de la necesidad de aliarse con los judíos.

15El Macabeo, pensando en el bien común, accedió a todo lo que proponía Lisias. Y el rey concedió todo lo que el Macabeo pidió por escrito a Lisias en favor de los judíos.

16La carta de Lisias a los judíos estaba concebida en los siguientes términos: Lisias saluda al pueblo judío.

17Juan y Absalón, los embajadores de ustedes, me han entregado el documento firmado y me han pedido ratificar su contenido.

18Todo lo que había que comunicar al rey se lo expuse ya, y concedí todo lo que entraba en mis atribuciones.

19Por lo tanto, si mantienen su buena disposición hacia el gobierno, procuraré trabajar a favor de ustedes en el futuro.

20He ordenado a sus embajadores y a los míos que traten con ustedes las cuestiones de detalle.

21Saludos. Año ciento cuarenta y ocho, el veinticuatro de Júpiter Corintio.

22La carta del rey decía así: El rey Antíoco saluda a su hermano Lisias.

23Después que mi padre se fue al cielo queriendo que los súbditos de nuestro imperio puedan dedicarse sin temor a sus asuntos;

24como hemos sabido que a los judíos no les gusta adoptar costumbres griegas como era el deseo de mi padre, sino que prefieren su propio estilo de vida y piden se les permita seguir su legislación;

25deseando que dicho pueblo viva sin temor, hemos determinado restituirles el templo y que vivan conforme a las costumbres de sus mayores.

26Por lo tanto, ten la bondad de enviarles embajadores y hacer con ellos las paces, para que, conociendo nuestros deseos, vivan contentos y puedan atender con gusto a sus asuntos.

27La carta del rey para el pueblo era ésta: El rey Antíoco saluda al Consejo de los ancianos y al pueblo judío.

28Nos alegramos de que estén bien. También nosotros estamos bien.

29Menelao nos ha expuesto que quieren volver a sus hogares;

30por tanto, a los que vuelvan a casa, hasta el treinta de abril, les garantizamos la inmunidad.

31Los judíos podrán usar sus alimentos y sus leyes como antes, y ninguno de ellos será molestado en absoluto por infracciones cometidas por ignorancia.

32Les envío también a Menelao para que les infunda confianza.

33Saludos. Año ciento cuarenta y ocho, el quince de abril.

34También los romanos les enviaron una carta, que decía así: Quinto Memmio y Tito Manio, legados de Roma, saludan al pueblo judío.

35Estamos de acuerdo con lo que les ha concedido Lisias, pariente del rey. 36 Y en cuanto a los puntos que él consideró que debía someter al juicio del rey, envíennos urgentemente a alguien con instrucciones detalladas sobre el particular, para que las expongamos como les conviene a ustedes, ya que vamos a ir a Antioquía. 37 Por eso, mándennos pronto algunos para que nosotros conozcamos las propuestas de ustedes. 38 Saludos. Año ciento cuarenta y ocho, el quince de abril.

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