1 Reyes 13
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1En el momento en que Jeroboán, de pie junto al altar, se disponía a quemar incienso, llegó a Betel un hombre de Dios de Judá mandado por el Señor.
2Y gritó contra el altar, por orden del Señor: –¡Altar, altar! Así dice el Señor: Nacerá un descendiente de David –llamado Josías–que sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman incienso sobre ti y quemará sobre ti huesos humanos.
3Y ofreció una señal: –Ésta es la señal anunciada por el Señor: el altar va a rajarse y se derramará la ceniza que hay encima.
4Cuando el rey oyó lo que gritaba el hombre de Dios contra el altar de Betel, extendió el brazo desde el altar, ordenando: –¡Deténganlo! Pero el brazo extendido contra el profeta se le quedó rígido, sin poder acercarlo al cuerpo,
5mientras el altar se rajaba y se derramaba la ceniza, que era la señal anunciada por el hombre de Dios en nombre del Señor.
6Entonces el rey suplicó al hombre de Dios: –Por favor, aplaca al Señor, tu Dios, y reza por mí para que recupere el movimiento del brazo. El hombre de Dios aplacó al Señor y el rey recuperó el movimiento del brazo, que le quedó como antes.
7Entonces el rey le dijo: –Ven conmigo a palacio, cobra fuerzas, y te haré un regalo.
8Pero el hombre de Dios replicó: –No iré contigo ni aunque me des medio palacio. No comeré ni beberé nada aquí,
9porque el Señor me ha prohibido comer, beber o volverme por el mismo camino.
10Luego se fue por otra ruta, sin volverse por el camino por donde había ido a Betel.
11Vivía en Betel un viejo profeta, y cuando sus hijos fueron a contarle lo que había hecho el hombre de Dios aquel día en Betel y lo que había dicho al rey,
12su padre les preguntó: –¿Qué camino ha tomado? Sus hijos le enseñaron el camino que había tomado el hombre de Dios venido de Judá,
13y él les ordenó: –Ensíllenme el burro. Se lo ensillaron, montó
14y marchó tras el profeta; se lo encontró sentado bajo una encina, y le preguntó: –¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá? El otro respondió: –Sí.
15Entonces le dijo: –Ven conmigo a casa a tomar algo.
16Pero el otro respondió: –No puedo volverme contigo, ni comer ni beber nada aquí,
17porque el Señor me ha prohibido comer o beber aquí o volverme por el mismo camino.
18Entonces el otro le dijo: –También yo soy profeta, como tú, y un ángel me ha dicho, por orden del Señor, que te lleve a mi casa para que comas y bebas algo. Así lo engañó;
19se lo llevó con él, y aquél comió y bebió en su casa.
20Pero cuando estaban sentados a la mesa, el Señor dirigió la palabra al profeta que lo había hecho volver,
21y éste gritó al hombre de Dios venido de Judá: –Así dice el Señor: Por haber desafiado la orden del Señor, no haciendo lo que te mandaba el Señor, tu Dios,
22por volverte a comer y beber allí donde él te lo había prohibido, no enterrarán tu cadáver en la sepultura de tu familia.
23Después de comer y beber le ensilló el burro,
24y el otro se marchó. Pero por el camino le salió un león y lo mató. Su cadáver quedó tendido en el camino, y el burro y el león se quedaron de pie junto a él.
25Unos caminantes vieron el cadáver tendido en el camino y el león de pie junto al cadáver, y fueron a dar la noticia a la ciudad donde vivía el viejo profeta.
26Cuando éste lo supo, comentó: –¡Es el hombre de Dios que desafió la orden del Señor! El Señor lo habrá entregado al león, que lo ha matado y descuartizado, como el Señor dijo.
27Luego ordenó a sus hijos: –Ensíllenme el burro. Se lo ensillaron.
28Marchó y encontró el cadáver tendido en el camino; el burro y el león estaban de pie junto al cadáver; el león no había devorado el cadáver ni descuartizado al burro.
29Él recogió el cadáver del hombre de Dios, lo acomodó sobre el burro y lo volvió a llevar a la ciudad, para hacerle los funerales y enterrarlo.
30Depositó el cadáver en su propia sepultura y le entonaron la elegía ¡Ay hermano!
31Después de enterrarlo, habló a sus hijos: –Cuando yo muera, entiérrenme en la sepultura donde está enterrado este hombre de Dios; pongan mis huesos junto a los suyos,
32porque ciertamente se cumplirá la palabra que él proclamó, por orden del Señor, contra el altar de Betel y todos los santuarios de los lugares altos que hay en las poblaciones de Samaría.
33Pero después de esto, Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los lugares altos a personas tomadas del común de la gente; al que lo deseaba, él lo consagraba sacerdote de los lugares altos.
34Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán, y motivó su destrucción y exterminio de la tierra.