1 Macabeos 3
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Le sucedió su hijo Judas, apodado Macabeo.
2Todos sus hermanos y los partidarios de su padre le prestaron apoyo y combatieron con entusiasmo por Israel.
3Judas extendió la fama de su pueblo; vistió la coraza como un héroe, ciñó sus armas y entabló combates protegiendo sus campamentos con la espada.
4Fue un león en sus hazañas, un cachorro que ruge por la presa;
5rastreó y persiguió a los impíos, quemó a los agitadores del pueblo.
6Por miedo a Judas los impíos se acobardaron, los que hacían el mal fracasaron; por su mano triunfó la liberación.
7Hizo sufrir a muchos reyes, alegró a Jacob con sus hazañas, su recuerdo será siempre bendito.
8Recorrió las ciudades de Judá exterminando en ella a los impíos; apartó de Israel la cólera divina.
9Su renombre llenó la tierra, porque reunió a un pueblo a punto de ser exterminado.
10Apolonio reunió un ejército extranjero y un gran contingente de Samaría para luchar contra Israel.
11Cuando lo supo Judas, salió a hacerle frente, lo derrotó y lo mató. Los paganos tuvieron muchas bajas, y los supervivientes huyeron.
12Al recoger el botín, Judas se quedó con la espada de Apolonio, y desde entonces siempre combatió con ella.
13Cuando Serón, general en jefe del ejército sirio, se enteró de que Judas había reunido en torno a sí una tropa numerosa de fieles seguidores suyos dispuestos a pelear,
14se dijo: –Voy a ganar fama y renombre en el imperio luchando contra Judas y los suyos, ésos que desprecian la orden del rey.
15Se le sumó un fuerte ejército de gente impía, que subieron con él para ayudarle a vengarse de los israelitas.
16Cuando llegaba cerca de la cuesta de Bet-Jorón, Judas le salió al encuentro con un puñado de hombres;
17pero al ver el ejército que venía de frente dijeron a Judas: –¿Cómo vamos a luchar contra esa multitud bien armada, siendo nosotros tan pocos? Y además estamos agotados, porque no hemos comido en todo el día.
18Judas respondió: –No es difícil que unos pocos envuelvan a muchos, porque a Dios le da lo mismo salvar con muchos que con pocos,
19porque la victoria no depende del número de soldados, sino de la fuerza que llega del cielo.
20Ellos vienen a atacarnos llenos de insolencia e impiedad, para aniquilarnos y saquearnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos,
21mientras que nosotros luchamos por nuestra vida y nuestra religión.
22El Señor los aplastará ante nosotros. No les tengan miedo.
23Nada más terminar de hablar, se lanzó contra ellos de repente. Derrotaron a Serón y su ejército,
24lo persiguieron por la bajada de Bet-Jorón hasta la llanura. Serón tuvo unas ochocientas bajas, y los demás huyeron al territorio filisteo.
25Judas y sus hermanos empezaron a ser temidos, y una ola de pánico cayó sobre las naciones vecinas.
26Su fama llegó a oídos del rey, porque todos comentaban las batallas de Judas.
27Cuando el rey Antíoco se enteró, se enfureció y ordenó concentrar todas las fuerzas de su imperio, un ejército poderosísimo.
28Abrió el tesoro y repartió a las tropas el sueldo de un año, ordenándoles estar preparados para cualquier eventualidad. 29 Pero cuando vio que las arcas se le vaciaban y que los tributos de la región disminuían por las discordias y la miseria que había desencadenado en el país al suprimir las leyes antiguas, 30 tuvo miedo de que, como le había ocurrido más de una vez, no le llegara para los gastos y regalos que solía hacer superando a los reyes anteriores. 31 Viéndose muy apurado, proyectó marchar a Persia, para recoger los tributos de aquellas provincias y reunir una gran suma de dinero. 32 A Lisias, miembro distinguido de la familia real, lo dejó al frente del gobierno, desde el Éufrates hasta los confines de Egipto, 33 y le encomendó el cuidado de su hijo Antíoco, hasta su vuelta. 34 Le dejó la mitad de las tropas y de los elefantes, y le comunicó todas sus decisiones, en particular las referentes a la población de Judá y Jerusalén: 35 que enviara contra ellos un ejército para aplastar y aniquilar al ejército de Israel y a los que quedaban en Jerusalén; que borrara su nombre de aquel sitio 36 y estableciera extranjeros por todo el territorio. 37 El rey, por su parte, marchó de Antioquía, capital de su imperio, el año ciento cuarenta y siete, llevándose la otra mitad de las tropas. Después de pasar el Éufrates fue recorriendo las provincias del norte. 38 Lisias escogió a Tolomeo hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, hombres poderosos y grandes del reino, 39 y envió con ellos cuarenta mil soldados de infantería y siete mil jinetes, para que invadieran y devastaran Judá, conforme a la orden del rey. 40 Partieron con todo su ejército, y fueron a acampar junto a Emaús, en la llanura. 41 Cuando los traficantes de aquella zona oyeron la noticia, acudieron al campamento con muchísima plata, oro y con cadenas, para comprar israelitas como esclavos. El ejército se vio reforzado además con tropas sirias y filisteas. 42 Judas y sus hermanos vieron que se agravaba la situación –los ejércitos acampaban en su territorio, y conocían la orden del rey que mandaba destruir y exterminar al pueblo–, 43 y comentaron: –¡Reparemos la ruina de nuestro pueblo! ¡Luchemos por nuestro pueblo y por el templo! 44 La asamblea se reunió para prepararse a la guerra y para rezar pidiendo misericordia y compasión. 45 Jerusalén estaba despoblada como un desierto, ninguno de sus hijos entraba o salía. El santuario, pisoteado; los extranjeros ocupaban la fortaleza, convertida en albergue de los paganos. Jacob había perdido la alegría, ya no sonaban la cítara y la flauta. 46 Se reunieron y fueron a Mispá, frente a Jerusalén, porque antiguamente Israel había tenido allí un lugar de oración. 47 Aquel día ayunaron, se ciñeron un sayal, se echaron ceniza en la cabeza y se rasgaron las vestiduras. 48 Desenrollaron el volumen de la ley, para consultarlo lo mismo que los paganos consultaban a sus ídolos. 49 Llevaron los ornamentos sacerdotales, las primicias y los diezmos; hicieron ir a los nazireos que habían terminado de cumplir su voto, 50 y levantaron su voz al cielo diciendo: –¿Qué podemos hacer con estos hombres? ¿A dónde los llevaremos, 51 si su templo está pisoteado y tus sacerdotes tristes y humillados? 52 Ya ves, los paganos se han reunido para exterminarnos. Tú conoces sus planes contra nosotros. 53¿Cómo podremos resistirles si tú no nos auxilias? 54 Tocaron las cornetas y lanzaron grandes alaridos. 55 Después Judas nombró jefes militares: comandantes, capitanes y suboficiales. 56 A los que estaban edificando una casa, a los que iban a casarse, a los que acababan de plantar una viña y a los miedosos les dijo que se volvieran a sus casas, como manda la ley. 57 El ejército se puso en marcha, y acamparon al sur de Emaús. 58 Judas ordenó: –¡Prepárense! Sean valientes, estén atentos mañana al amanecer, para dar batalla a esos paganos que se han reunido contra nosotros para exterminarnos, a nosotros y nuestro templo. 59 Más vale morir en la batalla que ver las desgracias de nuestra nación y del templo. 60 Pero hágase la voluntad de Dios.