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Jueces 1

Traducción en lenguaje actual con deuterocanonicos

1JUECES Introducción Este libro empieza donde termina el libro de Josué , y comienza de manera similar: Después de la muerte de... ( Jue 1:1 ). Cuando uno lee esta historia de principio a fin, descubre que lo que ocurrió en la época de Josué pareciera haberse borrado de la memoria del pueblo. La paz que Josué les había dado, en el período de los Jueces se había perdido. El pueblo ya no actuaba unido. En el libro de Jueces constantemente se repite que cada uno hacía lo que le daba la gana ( Jue 17:6 ; Jue 21:25 ). No había un solo líder, sino muchos, y en lugar de adorar sólo al Dios de Israel, el pueblo adoraba a otros dioses. El libro de la Ley, que Dios había dado por medio de Moisés, se ignoraba por completo; la gente practicaba toda clase de maldad: robos, engaños, asesinatos, desobediencia y rebeldía. La tierra, que debería haber sido para todos, no la disfrutaban todas las tribus de Israel, pues aún la ocupaban los pueblos enemigos. La falta de unidad en el pueblo se retrata muy bien al inicio del libro ( Jue 2:11-23 ). Allí se nos dice cómo, una y otra vez, el pueblo caía en un círculo vicioso: (1) Primero hay un período de relativa calma, (2) luego el pueblo de Israel abandona a Dios y sigue a otros dioses, (3) Dios se enoja y deja que un pueblo enemigo conquiste y domine a Israel, (4) el pueblo de Israel sufre y pide ayuda a Dios, (5) Dios se compadece de su pueblo y manda un nuevo líder para que lo salve. En aquella época de tanto cambio e incertidumbre, probablemente surgieron muchos jefes y líderes. Sin embargo, el libro nos da una lista de sólo doce, que Dios envió para ayudar al pueblo de Israel: Otoniel, Ehud, Samgar, Débora, Gedeón, Tolá, Jaír, Jefté, Ibsán, Elón, Abdón y Sansón. Además de las hazañas de estos doce jueces (3–16), el libro tiene dos apéndices o secciones finales (17–18 y 19–21). El primero narra un episodio donde abundan la codicia, la avaricia, el egoísmo, la deslealtad, el saqueo, el robo y la idolatría. El segundo narra episodios de terrible maldad y crueldad contra gente inocente que no puede defenderse. El libro de los Jueces nos ofrece una importante lección para hoy: Cuando no obedecemos a Dios, nosotros mismos perdemos la oportunidad de disfrutar de la paz y de la vida abundante que Dios ofrece. Las tribus de Judá y Simeón capturan a Adonisédec Después de la muerte de Josué, los israelitas le preguntaron a Dios: —¿Cuál de nuestras tribus atacará primero a los cananeos?

2Dios les respondió: —Primero atacará la tribu de Judá, pues a ellos les voy a entregar ese territorio.

3Entonces los de Judá les dijeron a los de Simeón: «Vengan con nosotros a pelear contra los cananeos. Primero iremos al territorio que nos ha tocado a nosotros, y después al de ustedes». Los de Simeón aceptaron,

4(4-5) así que salieron juntos a pelear, y Dios los ayudó a derrotar a los cananeos y a los ferezeos. En Bézec derrotaron a diez mil ferezeos y cananeos, entre los cuales estaba el rey Adonisédec.

6Durante la lucha Adonisédec había escapado, pero lo persiguieron y capturaron, y le cortaron los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies.

7Entonces Adonisédec dijo: «Dios ha hecho conmigo lo mismo que yo hice con setenta reyes: les corté los pulgares y los dedos gordos, y andaban bajo mi mesa recogiendo las sobras». Después, Adonisédec fue llevado a Jerusalén, y allí murió.

8La tribu de Judá conquista Jerusalén y Hebrón Los de Judá atacaron a Jerusalén y la conquistaron. Mataron a toda la gente de esa ciudad, y luego la incendiaron.

9Después fueron a atacar a los cananeos que vivían en las montañas, en el desierto del sur y en la llanura.

10Atacaron también a los cananeos que vivían en Hebrón, ciudad que antes se llamaba Quiriat-arbá. Allí derrotaron a los grupos cananeos de Sesai, Ahimán y Talmai.

11Otoniel conquista la ciudad de Debir Luego los de Judá marcharon hacia la ciudad de Debir, que antes se llamaba Quiriat-séfer.

12Caleb había prometido que quien conquistara Debir se casaría con su hija Acsa,

13y fue su sobrino Otoniel quien la conquistó. Así que Caleb le dio a Otoniel su hija Acsa por esposa. Otoniel era hijo de Quenaz, el hermano menor de Caleb.

14El día de su casamiento, Otoniel le dijo a Acsa que le pidiera un terreno a su padre. Cuando Caleb la vio bajar de su burro, le preguntó qué quería;

15y Acsa le dijo: «Los terrenos que me has dado no tienen agua. Por favor, dame también manantiales». Y Caleb le dio el manantial Alto y el manantial Bajo.

16Conquistas de las tribus de Judá y de Benjamín Los quenitas, que eran descendientes del suegro de Moisés, salieron de Jericó junto con la tribu de Judá, y se fueron al desierto que está al sur de Arad. Allí se quedaron a vivir.

17Después los de Judá, junto con los de Simeón, derrotaron a los cananeos que vivían en Sefat. Como destruyeron por completo esa ciudad, la llamaron Hormá. 1.17 Hormá y la palabra hebrea que significa destrucción tienen un sonido parecido.

18(18-19) Con la ayuda de Dios, la tribu de Judá se apoderó de la zona montañosa, pero no de la llanura, porque los habitantes de esa región tenían carros de hierro. No pudieron conquistar Gaza ni Ascalón ni Ecrón, ni tampoco los territorios vecinos.

20Y tal como Moisés había prometido, la región de Hebrón le fue dada a Caleb, para que allí viviera. Por eso Caleb echó de esa región a los tres grupos de familias que descendían del gigante Anac. 1.20 Anac era visto como el antepasado de una raza de gigantes.

21Pero los de la tribu de Benjamín no pudieron echar a los jebuseos, que vivían en Jerusalén. Por eso, hasta el día en que este relato se escribió, los jebuseos vivieron en Jerusalén, junto con los de Benjamín.

22Las tribus de Efraín y Manasés conquistan Betel (22-23) Las tribus de Efraín y Manasés decidieron atacar a Betel, la ciudad que antes se llamaba Luz; así que enviaron espías a esa ciudad, y Dios los ayudó.

24Cuando esos espías vieron a un hombre que salía de la ciudad, le dijeron: «Si nos muestras cómo entrar en la ciudad, no te haremos ningún daño».

25Aquel hombre les enseñó cómo entrar en la ciudad, y así pudieron entrar los de Efraín y Manasés. Mataron a todos los que allí vivían, pero no al que los había ayudado ni a su familia.

26Más tarde, ese hombre se fue al territorio de los hititas y edificó una nueva ciudad, a la cual llamó Luz; y hasta el momento en que este relato se escribe aún se llama así.

27Los territorios no conquistados Los de Manasés no pudieron echar a los que vivían en Bet-seán, Taanac, Dor, Ibleam y Meguido, ni tampoco a los de las aldeas vecinas. Así que los cananeos siguieron viviendo allí.

28Después los israelitas se hicieron más poderosos y obligaron a los cananeos a trabajar para ellos, pero no los pudieron echar de su territorio.

29Los de Efraín tampoco pudieron echar a los cananeos que vivían en Guézer, así que los cananeos siguieron allí, viviendo junto a los de Efraín.

30Los de Zabulón tampoco pudieron echar a los cananeos que vivían en Quitrón y en Nahalal, así que estos siguieron allí, pero obligados a trabajar para los de Zabulón.

31(31-32) Tampoco los de Aser pudieron echar a los cananeos que vivían en Aco, Sidón, Ahlab, Aczib, Helbá, Afec y Rehob, así que se quedaron a vivir entre los cananeos que allí vivían.

33Tampoco los de la tribu de Neftalí pudieron echar a los cananeos que vivían en Bet-semes y Bet-anat, así que estos siguieron allí, pero obligados a trabajar para los de Neftalí.

34Los de la tribu de Dan tuvieron que retroceder a las montañas porque los amorreos no los dejaron bajar a la llanura.

35Así que los amorreos se quedaron en Jeres, Aialón y Saalbim. Tiempo después, los de Efraín y de Manasés se hicieron más poderosos y obligaron a los amorreos a trabajar para ellos.

36La frontera de los amorreos comenzaba en el paso de Acrabim, llegaba hasta Selá, y de allí seguía hacia las montañas.

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