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1 Samuel 1

Traducción en lenguaje actual con deuterocanonicos

11 SAMUEL Introducción Dos libros del Antiguo Testamento llevan el nombre de Samuel, pero en realidad deben considerarse como una sola obra, que forma parte de la gran Historia Deuteronómica (véase la Introducción a Josué ). En ella se habla del fin de la época de los Jueces y del inicio de la monarquía. Los personajes principales del primer libro son Samuel, Saúl y David. Samuel aparece como el último y mejor de los jueces. También se le ve en funciones de profeta y sacerdote. Los primeros doce capítulos de 1 Samuel se centran de manera más clara en su vida: su nacimiento milagroso, su niñez y formación bajo la tutela del viejo sacerdote Elí, su trabajo como juez, y la selección y ungimiento del primer rey de Israel. Como puede verse, Samuel fue el instrumento de Dios para dar nacimiento a la monarquía. La sección cierra con un discurso de despedida. En él, Samuel advierte a la nación de Israel de los peligros de tener un rey. Saúl es el personaje central de los capítulos 13–31, pues llega a ser el primer rey de Israel. Pero su historia es triste y trágica. Bien pronto su desobediencia lo llevó a perder el trono y a terminar sus días en el total fracaso (13 y 15). A medida que avanza la narración, la figura de Saúl se va haciendo más pequeña, mientras que la de David se va agigantando. Finalmente, David llega a ser el nuevo rey. Termina el libro con las violentas y tristes muertes de Saúl y de su hijo Jonatán. David aparece por primera vez en el capítulo 16. Allí, Dios le da a Samuel una lección muy importante sobre el valor y carácter de las personas, lección que también nosotros debemos aprender. Samuel trata de elegir como rey al que, desde el punto de vista humano, parecía ser el mejor candidato. Pero Dios interviene y dice: Samuel, no te fijes en su apariencia ni en su gran estatura. Este no es mi elegido. Yo no me fijo en las apariencias; yo me fijo en el corazón. ( 1Sa 16:7 ) Así fue elegido David, un jovencito de apariencia débil, pero de gran corazón y con plena confianza en Dios. Estas cualidades lo llevaron de victoria en victoria. El primer libro de Samuel también nos habla de los filisteos, nación vecina de Israel, que se había establecido en la parte sur, sobre la costa del Mar Mediterráneo. Los filisteos eran, militarmente, más fuertes que Israel, pues tenían carros de guerra, caballos y armas de hierro. Por causa de ellos, el pueblo de Israel pidió un rey. Creían necesitar un ejército y un líder poderoso para enfrentarse a esos terribles enemigos. El arca, o cofre del pacto, aparece también como «personaje» en los relatos que hablan de la lucha de los israelitas contra los filisteos (4–6). Era un cajón de madera que contenía los Diez mandamientos, la vara de Aarón y un tazón lleno de maná. Para los israelitas, el arca representaba la presencia de Dios en medio de su pueblo. Ellos creían que si el arca los acompañaba en las batallas, su triunfo estaba seguro. Sin embargo, los israelitas tuvieron que aprender que la presencia del cofre no era mágica, sino que lo más importante era la obediencia a Dios y a sus mandamientos. Otro relato importante es el de la batalla de David contra el gigante Goliat (17), pues resalta la gran lección que Dios quería darle a Samuel, y también a nosotros: «No mires lo externo, sino el valor interno de las personas». En efecto, David se convirtió en el instrumento de Dios para salvar a Israel y acabar con el poder filisteo. Su coraje y confianza en Dios lo llevó a vencer gigantes. Finalmente aparece la figura de Jonatán, el hijo de Saúl. No fue importante por haber sido hijo del primer rey de Israel, sino por su profunda amistad con David, el segundo rey. Jonatán y David se amaron como hermanos y se juraron lealtad hasta la muerte. Estos dos jóvenes nos ofrecen uno de los más grandes ejemplos de verdadera amistad. HISTORIA DE SAMUEL (1.1—12.25) Dios le da un hijo a Ana En Ramá, un pueblo de los cerros de Efraín, vivía un hombre llamado Elcaná. Sus antepasados fueron: Jeroham, Elihú, Tohu y Suf. Todos ellos eran descendientes de Efraín.

2Elcaná tenía dos esposas: Peniná y Ana. Peniná tenía hijos, pero Ana no tenía ninguno.

3Cada año Elcaná y su familia salían de su pueblo para ir al santuario de Siló. Allí adoraban al Dios todopoderoso y presentaban ofrendas en su honor. Allí también trabajaban dos hijos del sacerdote Elí, llamados Hofní y Finees.

4Cuando Elcaná presentaba un animal como ofrenda, les daba una parte de la carne a Peniná y a sus hijos.

5Pero a Ana le daba la mejor parte porque la amaba mucho, a pesar de que Dios no le permitía tener hijos.

6(6-7) Como Ana no tenía hijos, Peniná se burlaba de ella. Tanto la molestaba que Ana lloraba mucho y ni comer quería. Todos los años, cuando iban al santuario, Peniná la trataba así.

8En una de esas visitas, Elcaná le preguntó a Ana: «¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué te afliges? Para ti, es mejor tenerme a mí que tener muchos hijos».

9Ana dejó de comer, se levantó y se fue a orar al santuario. El sacerdote Elí estaba allí, sentado junto a la puerta.

10Ana estaba tan triste que no dejaba de llorar. Por eso oró a Dios

11y le hizo esta promesa: «Dios todopoderoso, yo soy tu humilde servidora. Mira lo triste que estoy. Date cuenta de lo mucho que sufro; no te olvides de mí. Si me das un hijo, yo te lo entregaré para que te sirva sólo a ti todos los días de su vida. Como prueba de que te pertenece, nunca se cortará el cabello».

12(12-13) Ana oraba a Dios en silencio. Elí la veía mover los labios, pero como no escuchaba lo que decía, pensó que estaba borracha.

14Por eso le dijo: —¿No te da vergüenza estar borracha? ¡Deja ya la borrachera!

15(15-16) Pero Ana le respondió: —Señor mío, no crea usted que estoy borracha. No he bebido vino ni cerveza. Estoy muy triste, y por eso estoy aquí suplicándole a Dios que me responda.

17Entonces Elí le contestó: —Vete tranquila, y que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido.

18Y Ana le dijo: —¡Usted sí me comprende! Dicho esto, Ana regresó a comer y dejó de estar triste.

19A la mañana siguiente, Elcaná y su familia fueron al santuario para adorar a Dios, y después de eso regresaron a su casa en Ramá. Tiempo después, Elcaná y su esposa Ana tuvieron relaciones sexuales, y Dios permitió

20que ella quedara embarazada. Cuando nació el niño, Ana le puso por nombre Samuel, porque Dios contestó su oración.

21Al año siguiente, cuando llegó el tiempo de ir al santuario para presentar la ofrenda acostumbrada, Elcaná fue a Siló con toda su familia para cumplir su promesa.

22Pero Ana no quiso ir con ellos, y por eso le dijo a su marido: —Cuando el niño ya pueda comer solo, yo misma lo llevaré al santuario y se lo entregaré a Dios. Allí se quedará a vivir.

23(23-24) Elcaná le dijo: —Haz lo que te parezca mejor. Que el niño se quede contigo hasta que pueda comer solo. Y que Dios cumpla su promesa. Ana se quedó con su hijo, y lo cuidó hasta que el niño comenzó a comer solo. Fue entonces cuando Ana lo llevó al santuario de Siló. También llevó como ofrenda un novillo de tres años, vino y veinte kilos de harina.

25Después de presentar en el altar al novillo, Ana y su esposo le entregaron el niño al sacerdote Elí.

26Y Ana le dijo: «Señor mío, hace tiempo yo estuve aquí, orando a Dios.

27Yo le pedí este niño, y él me lo concedió.

28Por eso ahora se lo entrego, para que le sirva todos los días de su vida». Y todos ellos adoraron a Dios.

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