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Salmos 71

Straubinger2014

1Salmo 70 (71) En Ti, Yahvé, me refugio, no me vea nunca confundido.

2Líbrame por obra de tu justicia y sácame del peligro; inclina a mí tu oído y sálvame.

3Sé para mí la roca que me acoja, el baluarte seguro en que me salves, porque mi roca y mi alcázar eres Tú.

4Líbrame, Dios mío, de las manos del inicuo, de las garras del impío y del opresor,

5porque Tú, Yahvé, eres mi esperanza; Tú, Yahvé, el objeto de mi confianza desde mi niñez.

6En Ti he descansado desde el seno materno, desde el vientre de mi madre Tú eres mi protector; mi esperanza ha estado siempre en Ti.

7A muchos he aparecido como un portento, porque Tú eras mi poderoso auxiliador.

8Llénese mi boca de tus alabanzas y de tu gloria todo el día.

9No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando me falten las fuerzas no me desampares;

10pues ya hablan de mí mis enemigos, y espiándome se condenan a una,

11y dicen: “Dios lo ha abandonado; perseguidle y prendedle, pues no hay quien lo libre.”

12Oh Dios, no quieras alejarte de mí; Dios mío, apresúrate a socorrerme.

13Sean confundidos y aniquilados los que atentan contra mi vida; cúbranse de afrenta y rubor los que buscan mi daño.

14Mas yo siempre esperaré, y te añadiré alabanzas cada día.

15Mi boca anunciará, sin cesar, tu justicia y tus favores, bien que no conozco su medida.

16Entraré a hablar de las gestas divinas; de Ti solo, oh Yahvé, proclamaré la justicia.

17Desde mi juventud me has enseñado Tú, oh Dios, y hasta el presente voy predicando tus maravillas.

18En mi vejez y decrepitud no quieras tampoco desampararme, Dios mío, hasta que manifieste tu brazo a esta generación, tu poder a todas las venideras,

19y tu justicia, oh Dios, que toca los cielos. En tan grandes cosas como hiciste, Dios ¿quién es como Tú?

20Con muchas y acerbas tribulaciones me probaste, mas volviste a darme la vida, y de nuevo me sacarás de los abismos de la tierra.

21Multiplicarás tu magnificencia y continuarás consolándome.

22Y yo, Dios mío, alabaré con salmos tu fidelidad; te cantaré con la cítara, oh Santo de Israel.

23Y cuando te cante, de gozo temblarán mis labios, y mi alma que Tú redimiste.

24Mi lengua hablará todo el día de tu justicia, porque han quedado confundidos y avergonzados cuantos buscaban mi mal.

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