Salmos 36
Straubinger2014 ›1Salmo 35 (36) Al maestro de coro. De David, siervo de Dios . [[2]] La rebeldía instiga al impío en su corazón; a sus ojos no hay temor de Dios.
2[[3]] Por tanto, se lisonjea en su mente de que su culpa no será hallada ni aborrecida.
3[[4]] Las palabras de su boca son malicia y fraude, no se cuida de entender para obrar bien.
4[[5]] En su lecho medita la iniquidad; anda siempre en malos caminos. La maldad no le causa horror.
5[[6]] Yahvé, tu misericordia toca el cielo; tu fidelidad, las nubes.
6[[7]] Tu justicia es alta como los montes de Dios; profundos como el mar, tus juicios. Tú, Yahvé, socorres al hombre y al animal.
7[[8]] ¡Cuán preciosa es, oh Dios, tu largueza! los hijos de los hombres se abrigan a la sombra de tus alas.
8[[9]] Se sacian con la abundancia de tu casa, y los embriagas en el río de tus delicias.
9[[10]] Pues en Ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz.
10[[11]] Despliega tu bondad sobre los que te conocen, y tu justicia sobre los de corazón recto.
11[[12]] No me aplaste el pie del soberbio ni me haga vacilar la mano del impío.
12[[13]] He aquí derribados a los obradores de la iniquidad, caídos para no levantarse más.