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Salmos 102

Straubinger2014

1Salmo 101 (102) Oración de un afligido que desfallece y derrama su angustia ante Yahvé . [[2]] Escucha, Yahvé, mi oración, y llegue a Ti mi clamor.

2[[3]] No quieras esconderme tu rostro en el día de mi desolación; inclina hacia mí tu oído; apresúrate a atenderme en el día de mi llamado.

3[[4]] Porque mis días se desvanecen como el humo, y mis huesos arden como fuego.

4[[5]] Abrasado, como la hierba, se seca mi corazón; me olvido de comer mi pan.

5[[6]] A fuerza de gemir y llorar se me pega la piel a los huesos.

6[[7]] Soy como el pelícano del desierto, hecho semejante al búho entre las ruinas.

7[[8]] No puedo conciliar el sueño, y me lamento como el ave solitaria sobre el tejado:

8[[9]] Mis enemigos me insultan sin cesar, y los que se enfurecen contra mí, toman mi nombre como imprecación.

9[[10]] Mi comida es ceniza en vez de pan, y mezclo mi bebida con las lágrimas,

10[[11]] a causa, de tu indignación y tu furor, porque me arrojaste después de levantarme en alto.

11[[12]] Mis días son como la sombra que se alarga; y, como la hierba, voy secándome,

12[[13]] mas Tú, Yahvé, permaneces siempre, y tu Nombre es de generación en generación.

13[[14]] Tú te levantarás y serás propicio a Sión, porque tiempo es ya de que te apiades de ella; a llegado la hora.

14[[15]] Ya tus siervos aman sus piedras. sienten compasión de sus ruinas.

15[[16]] Así, oh Yahvé, los gentiles reverenciarán tu Nombre, y tu gloria todos los reyes de la tierra,

16[[17]] porque Yahvé habrá restaurado a Sión, y Él se mostrará en su gloria.

17[[18]] Se volverá hacia la oración de los despojados, y no despreciará sus ruegos.

18[[19]] Escríbase esto para la generación venidera, para que el pueblo que va a nacer alabe a Yah.

19[[20]] Porque Yahvé se habrá inclinado desde su excelso santuario, desde el cielo habrá mirado a la tierra,

20[[21]] para escuchar el gemido de los cautivos y librar a los destinados a la muerte,

21[[22]] a fin de que en Sión sea pregonado el Nombre de Yahvé, y en Jerusalén su alabanza,

22[[23]] cuando allí se congreguen a una los pueblos y los reinos, para servir a Yahvé.

23[[24]] Él quebrantó mis fuerzas a medio camino; acortó mis días.

24[[25]] Y yo clamo: Oh Dios mío, no me quites de esta vida en la mitad de mis días, Tú, cuyos años duran por todas las generaciones.

25[[26]] En el principio cimentaste la tierra, y obra de tus manos es el cielo.

26[[27]] Ellos van pasando, mas Tú permanecerás; todo en ellos se envejece como una vestidura; Tú los mudarás como quien cambia de vestido, y quedarán cambiados.

27[[28]] Mas Tú eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.

28[[29]] Los hijos de tus siervos morarán seguros, y su posteridad será estable delante de Ti.

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