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Salmos 9

Santa Biblia Martín Nieto

1Al maestro de coro. Para oboe y arpa. Salmo de David

2Te doy gracias, Señor, de todo corazón, quiero cantar tus maravillas;

3quiero alegrarme y recrearme en ti, ensalzar tu nombre, oh Dios altísimo.

4Mientras mis enemigos retroceden, flaquean y caen ante ti;

5tú has defendido mi derecho y me has hecho justicia, sentado en el tribunal, como juez justo.

6Has vencido a las gentes, destruido al malvado, has borrado su nombre para siempre;

7acabó el enemigo en ruina eterna, has destruido sus ciudades, se perdió su recuerdo.

8Pero el Señor reina eternamente, y tiene preparado su trono para el juicio;

9juzga al mundo con justicia, dicta sentencia a las naciones.

10El Señor es refugio para los oprimidos, su refugio en los tiempos de la angustia.

11En ti esperan los que saben tu nombre, pues no abandonas, Señor, a quien te busca.

12Cantad al Señor, que mora en Sión, publicad por los pueblos sus hazañas:

13Él, vengador de la sangre, se acuerda de ellos, no olvida el grito de los oprimidos.

14Piedad, Señor, mira cómo me aplasta mi enemigo, sácame de las puertas de la muerte,

15para que pueda cantar tus alabanzas a las puertas de Sión, gozoso porque me has salvado.

16Los paganos cayeron en su propia trampa, su pie quedó prendido en la red que tramaron,

17el Señor se ha dado a conocer, ha hecho justicia, ha enredado al malvado en la obra de sus manos.

18Retornen los malvados al abismo y todas las naciones que se olvidan de Dios.

19Que no por siempre estará el pobre en el olvido, no se pierde por siempre la esperanza del mísero.

20Levántate, Señor, que el hombre no se engría, sean las gentes juzgadas ante ti;

21Señor, infúndeles terror, y aprendan los hombres que son seres mortales.

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