Salmos 51
Santa Biblia Martín Nieto ›1Al maestro de coro. Salmo de David.
2Cuando el profeta Natán vino a él después de su pecado con Betsabé
3Ten compasión de mí, oh Dios, por tu misericordia, por tu inmensa ternura borra mi iniquidad.
4Lávame más y más de mi delito y purifícame de mi pecado.
5Reconozco mi iniquidad, tengo siempre delante mi pecado.
6Contra ti, contra ti solo pequé y he hecho lo que tú no puedes ver. Por eso tu sentencia es justa y eres recto en el juicio.
7Ya nací en la culpa, y en el pecado me concibió mi madre.
8Tú quieres la verdad en el centro del alma y en el centro del corazón me enseñas la sabiduría.
9Purifícame con el hisopo, y quedaré puro; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
10Hazme sentir gozo y alegría, y que dancen los huesos que rompiste.
11Aparta tu rostro de mis faltas, cancela mis pecados.
12Oh Dios, crea en mí un corazón puro, implanta en mis entrañas un espíritu nuevo;
13no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu;
14dame la alegría de tu salvación y que el espíritu generoso me mantenga firme.
15Enseñaré tus caminos a los descarriados, los pecadores volverán a ti.
16Líbrame de delitos de sangre, Señor, salvador mío, y mi lengua exaltará tu justicia.
17Señor, abre mis labios, y mi boca anunciará tu alabanza.
18Tú no quieres ofrendas ni holocaustos; si te los ofreciera, no los aceptarías.
19El sacrificio que Dios quiere es un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado, tú, oh Dios, no lo desprecias.
20Sé propicio a Sión en tu benevolencia, reconstruye las murallas de Jerusalén.
21Entonces aceptarás los sacrificios justos -holocaustos y ofrendas perfectas-, entonces se ofrecerán novillos en tu altar.