Salmos 44
Santa Biblia Martín Nieto ›1Al maestro de coro. Maskil de los hijos de Coré
2Oh Dios, hemos oído con nuestros oídos, nos han contado nuestros padres la obra que en sus días hiciste, en los días antiguos, con tu propia mano.
3Expulsaste naciones y los plantaste a ellos, exterminaste pueblos para hacerlos crecer.
4No fue su espada la que conquistó la tierra, ni su brazo el que los hizo vencedores; fue tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro, porque tú los amabas.
5Eras tú, rey mío y Dios mío, quien lograba las victorias de Jacob.
6Gracias a ti derrotábamos a nuestros enemigos, por tu nombre aplastábamos a nuestros agresores.
7No ponía en el arco yo mi confianza, ni mi espada me daba la victoria;
8eras tú el que nos daba la victoria contra los enemigos y cubrías de vergüenza a nuestros adversarios.
9Cantábamos en todo tiempo tu alabanza celebrando tu nombre sin cesar.
10Pero ahora nos rechazas y nos cubres de vergüenza, no sales ya con nuestras tropas;
11nos haces retroceder ante nuestros adversarios, y nuestros enemigos nos saquean a su gusto;
12nos entregas como ovejas para el matadero, y nos has dispersado entre los pueblos.
13Has vendido a tu pueblo a bajo precio, no has ganado nada con su venta;
14nos has hecho la burla de nuestros convecinos, la irrisión y el escarnio de nuestros circundantes;
15nos has hecho el chiste de las gentes, nos hacen burla las naciones.
16Todo el día tengo ante mí mi afrenta y la vergüenza cubre mi semblante,
17bajo los gritos de insultos y blasfemias, frente a un enemigo ávido de venganza.
18Todo esto nos llegó sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza,
19sin haber vuelto atrás el corazón, sin haber desviado los pies de tu camino;
20nos has aplastado en cubil de chacales y nos has cubierto con las sombras de la muerte.
21Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero,
22¿no se hubiera dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos?
23Por tu causa nos asesinan sin cesar, nos tratan como ovejas para el matadero.
24Despierta ya. ¿Por qué duermes, Señor? Levántate, no nos rechaces para siempre.
25¿Por qué ocultas tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?
26Nuestra alma está hundida en el polvo y nuestro vientre se arrastra por el suelo.
27Levántate, ven a socorrernos, rescátanos por tu misericordia.