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Salmos 25

Santa Biblia Martín Nieto

1De David

2en ti espero, Dios mío, no quede defraudado; que no triunfen de mí mis enemigos.

3No queda defraudado el que en ti espera, que lo quede el que traiciona sin motivo.

4Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas;

5guíame en tu verdad, enséñame; tú eres mi Dios y mi salvador, yo siempre espero en ti.

6Acuérdate, Señor, de tu misericordia y tu bondad, que son eternas;

7olvídate de los pecados de mi juventud y de mis faltas; acuérdate de mí, Señor, con misericordia y con bondad.

8El Señor es bueno y recto y enseña el camino a los descarriados,

9conduce en la justicia a los humildes, enseña a los humildes su camino;

10los caminos del Señor son amor y lealtad para quien guarda su alianza y sus preceptos.

11Por el honor de tu nombre, Señor, perdona mis culpas, por muy grandes que sean.

12¿Quién hay que sea fiel al Señor? Él le indica el camino que debe seguir;

13tendrá una vida feliz y su posteridad heredará la tierra.

14El Señor se confía a sus leales y les explica su alianza.

15Tengo mis ojos fijos en el Señor, él sacará mis pies del cepo.

16Mírame, Señor, y ten piedad de mí, pues soy un desgraciado y estoy solo;

17quítame la angustia de mi corazón, sácame de mis tribulaciones.

18Contempla mi miseria y mi dolor, perdona todos mis pecados;

19mira a mis enemigos, que son tantos, mira con qué violencia me persiguen.

20Guárdame, Señor, y sálvame la vida, me he refugiado en ti, no quede defraudado.

21La integridad y la rectitud me guardarán, pues en ti, Señor, he puesto mi esperanza.

22Oh Dios, rescata a Israel, líbralo de todas sus desgracias.

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