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Sabiduría 7

Santa Biblia Martín Nieto

1También yo soy hombre mortal como todos y descendiente del primer ser formado de tierra. En el seno de mi madre fui modelado de carne;

2durante diez meses fui consolidado con su sangre, de semen de varón y del placer que acompaña al sueño.

3Ya nacido, respiré el aire de todos; caí en la tierra que todos pisamos y, como todos, mi primer grito fue el llanto.

4En pañales y con mimo fui criado.

5Ninguno entre los reyes tuvo otro principio al nacer.

6Una es la entrada en la vida para todos, e idéntica la salida.

7Por eso supliqué, y me fue concedida la prudencia; oré, y vino a mí el espíritu de sabiduría.

8La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza.

9Ni la comparé a piedra inestimable, pues todo el oro en su presencia es un poco de arena, como lodo es reputada la plata ante ella.

10La amé más que a la salud y la belleza y preferí su posesión a la misma luz, porque su resplandor es inextinguible.

11Me vinieron con ella todos los bienes, pues ella tenía en sus manos una riqueza incalculable.

12Yo me gozo de todos estos bienes porque es la sabiduría quien los dirige, pero ignoraba que fuese ella la madre de todos.

13Sin malicia la aprendí, sin envidia la comunico; sus riquezas no escondo.

14Porque es tesoro inagotable para los hombres, los que la poseen se atraen la amistad de Dios, recomendados por los dones de la educación.

15Que Dios me conceda hablar con inteligencia y pensar dignamente de sus dones, porque él es la guía de la sabiduría y quien dirige a los sabios.

16En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, toda la prudencia y toda la ciencia de los técnicos.

17Porque él me dio el verdadero conocimiento de las cosas para conocer la constitución del universo, las propiedades de los elementos,

18el principio, el fin y el medio de los tiempos, los cambios de los solsticios y la sucesión de las estaciones,

19los ciclos del año y las posiciones de los astros,

20la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, la fuerza de los vientos y los razonamientos de los hombres, las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces.

21Conocí todo lo oculto y todo lo visible, porque me lo enseñó la sabiduría, artífice de todo ello.

22Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, penetrante, incontaminado, diáfano, impasible, amante de lo bueno, agudo,

23incoercible, benéfico, amante de los hombres, estable, firme, sin preocupación, todopoderoso, que todo lo vigila y penetra en todos los espíritus inteligentes, puros y sutiles.

24La sabiduría es más movible que todo movimiento, se difunde y penetra en todo por su pureza.

25Porque es un efluvio del poder de Dios y una efusión pura de la gloria del todopoderoso; por eso nada manchado penetra en ella.

26Es el resplandor de la luz eterna, espejo inmaculado de la actividad de Dios y una imagen de su bondad.

27Y aunque es una, lo puede todo; sin salir de sí todo lo renueva y en todas las edades, derramándose en almas santas, hace de ellas amigos de Dios y profetas.

28Porque Dios no ama sino al que convive con sabiduría.

29Ella es más bella que el sol y supera las constelaciones de las estrellas.

30Porque comparada con la luz del día sale vencedora; pues a ésta sucede la noche, pero la maldad nada puede contra la sabiduría.

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