Sabiduría 17
Santa Biblia Martín Nieto ›1Grandes e inescrutables son tus juicios, por eso las almas sin instrucción se extraviaron.
2Estos malvados, que habían querido oprimir al pueblo santo, yacían prisioneros de las tinieblas y encadenados por una larga noche, encerrados bajo sus techos, excluidos de tu eterna providencia.
3Cuando pensaban quedar ocultos con sus pecados secretos, bajo el oscuro velo del olvido, fueron ellos mismos inmersos en las tinieblas, espantados y despavoridos con fantasmas.
4Pues ni el escondrijo que los abrigaba pudo preservarlos del temor. Ruidos terroríficos resonaban a su alrededor, y sombríos fantasmas de rostros tristes se les aparecían.
5Ni el fuego más potente era capaz de dar luz, ni la llama brillante de los astros podía iluminar aquella noche horrenda.
6Sólo se les dejaba ver una hoguera, que se encendía por sí misma e infundía terror; una vez desaparecida la visión, quedaban aterrados y les parecía más terrible aún lo que habían visto.
7Los trucos de la magia fueron un fracaso, y la ciencia de que presumían, una frustración.
8Los que prometían ahuyentar los miedos y las perturbaciones de las almas acobardadas, ellos mismos padecían un miedo ridículo.
9Aunque no hubiera nada terrible que pudiera asustarlos, ellos, sobresaltados por el paso de los animales y el silbido de las serpientes
10se morían temblando de miedo, no atreviéndose ni a mirar al aire, al que de ningún modo es posible evitar.
11Pues la maldad es cobarde, y se condena por su propio testimonio; acosada por su propia conciencia, siempre se imagina lo peor,
12porque el temor no es otra cosa que la renuncia a los auxilios de la razón;
13cuanto menor es la confianza en los recursos interiores, mayor se juzga la ignorada causa del tormento.
14Ellos, en medio de aquella noche impotente, salida de las profundidades del impotente abismo, sumidos todos en el mismo sueño,
15unos eran perseguidos por fantasmas monstruosos, otros desfallecían por abatimiento, porque un repentino e inesperado terror se había apoderado de ellos.
16Luego, si alguno caía, allí era encarcelado, prisionero en una cárcel sin rejas.
17Ya fuese labrador o pastor, ya fuese un obrero que trabaja en solitario, sufría, sorprendido, el castigo inevitable; pero todos estaban atados por una misma cadena de tinieblas.
18Una ráfaga de viento, el canto melodioso de los pájaros en la enramada, el rumor cadencioso de las aguas que se precipitan con fuerza, el rudo estrépito de piedras que se despeñan,
19la carrera invisible de animales que brincan, el rugido de ferocísimas bestias, el eco repercutiendo en las concavidades de las montañas, todo los dejaba paralizados de terror.
20Mientras todo el universo era iluminado por una luz esplendorosa y se entregaba a sus trabajos libremente,
21sólo sobre ellos se había extendido una densa noche, imagen de las tinieblas que les estaban reservadas; pero ellos eran más pesados para sí que las mismas tinieblas.