Proverbios 8
Santa Biblia Martín Nieto ›1¿No llama la sabiduría, no levanta su voz la inteligencia?
2En la cima de las alturas, junto a los caminos, en los cruces de las veredas se coloca;
3junto a las puertas, a la entrada de la ciudad, en las vías de acceso da voces:
4"A vosotros, mortales, llamo, y mi voz se dirige a los hombres.
5Jóvenes inexpertos, aprended la prudencia; y vosotros, necios, entrad en cordura.
6Oíd, porque voy a deciros cosas solemnes, y de mis labios saldrán palabras justas;
7porque mi boca proclama la verdad y mis labios rechazan la mentira.
8Todas las palabras de mi boca son justas; nada hay en ellas falso o tortuoso.
9Todas son francas para quien las entiende, y rectas para los que poseen la ciencia.
10Procuraos mi doctrina y no la plata, la ciencia más bien que el oro puro,
11porque la sabiduría vale más que las perlas, y todos los objetos preciosos no la igualan.
12Yo, la sabiduría, habito con la prudencia y poseo la ciencia y la reflexión.
13Temer al Señor es aborrecer el mal; la arrogancia y el orgullo, la mala conducta y la boca perversa, las detesto.
14A mí me pertenece el consejo y la previsión; mía es la inteligencia, mía la fuerza.
15Por mí reinan los reyes, y los príncipes decretan la justicia;
16por mí gobiernan los jefes, y los soberanos juzgan toda la tierra.
17Yo amo a los que me aman, y los que me buscan con diligencia me encuentran.
18Conmigo están la riqueza y la gloria, los bienes durables y la justicia.
19Mejor es mi fruta que el oro, que el oro puro; y mis productos son mejores que la plata escogida.
20Yo voy por las sendas de la justicia, por los senderos de la equidad
21para procurar bienes a los que me aman y henchir sus tesoros.
22El Señor me creó en el comienzo de sus obras, antes que comenzara a crearlo todo.
23Desde la eternidad fui constituida; desde el comienzo, antes del origen de la tierra.
24Cuando el abismo no existía, fui yo engendrada; cuando no había fuentes, ricas en aguas.
25Antes que los montes fueran fundados, antes de las colinas fui yo engendrada;
26cuando aún no había hecho la tierra y los campos, ni los elementos del polvo del mundo.
27Cuando estableció los cielos, allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo,
28cuando condensó las nubes en lo alto, cuando fijó las fuentes del abismo,
29cuando asignó su límite al mar para que las aguas no salieran de sus límites, cuando echó los cimientos de la tierra,
30yo estaba a su lado como arquitecto, y yo era cada día sus delicias, recreándome todo el tiempo en su presencia,
31recreándome en su orbe terrestre y encontrando mis delicias con los hijos de los hombres.
32Por tanto, hijos míos, escuchadme: dichosos los que siguen mis caminos;
33escuchad mis avisos y seréis sensatos, no los rechacéis;
34dichoso el hombre que me escucha velando a mis puertas día tras día, vigilando a la entrada de mi casa.
35Porque quien me encuentra, encuentra la vida y obtiene el favor del Señor;
36pero el que me ofende, se daña a sí mismo; todos los que me odian a mí, aman la muerte".