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Proverbios 29

Santa Biblia Martín Nieto

1El hombre que ante los reproches se hace más terco será quebrantado de repente y sin remedio.

2Cuando los justos gobiernan, el pueblo está alegre; cuando dominan los opresores, el pueblo gime.

3El que ama la sabiduría alegra a su padre, el que frecuenta las prostitutas disipa su hacienda.

4El rey con la justicia hace prosperar el país, el que sólo exige impuestos lo lleva a la ruina.

5El hombre que adula a su prójimo le tiende un lazo a los pies.

6En el camino del delincuente hay una trampa, el justo corre el suyo lleno de alegría.

7El justo comprende los derechos de los pobres, pero el injusto no se interesa en eso.

8Los violentos agitan la ciudad, los sabios calman la ira.

9Cuando un sabio discute con un insensato, ya se irrite éste, ya se ría, a ninguna solución llegará.

10Los hombres sanguinarios odian al hombre íntegro, los hombres rectos cuidan de su vida.

11El necio da curso libre a toda su cólera, el sabio, frenándola, la calma.

12Cuando el gobernante hace caso de las mentiras, corrompe a todos sus servidores.

13El pobre y el usurero se encuentran, ambos reciben del Señor la luz del día.

14El rey que juzga a los pobres con justicia hace firme su trono para siempre.

15La vara y la corrección dan sabiduría, el muchacho consentido es la vergüenza de su madre.

16Cuando dominan los malhechores, se multiplica el crimen; pero los justos verán su caída.

17Corrige a tu hijo y te dará descanso, será las delicias de tu alma.

18Cuando no hay visión profética, el pueblo vive sin freno; dichosos los que observan la ley.

19No se corrige a un esclavo con palabras, porque comprende, pero no obedece.

20¿Ves a un hombre pronto para las palabras? De un necio se puede esperar más que de él.

21El que desde la infancia trata suavemente a un esclavo, al fin será maltratado por él.

22Un hombre iracundo provoca querellas, un hombre colérico multiplica las faltas.

23El orgullo del hombre causa su humillación, pero el humilde de espíritu obtiene el honor.

24El cómplice del ladrón se odia a sí mismo, porque oye la maldición y no denuncia.

25El temer delante de los hombres es un lazo, el que confía en el Señor está seguro.

26Muchos buscan el favor del príncipe, pero el derecho de cada uno viene del Señor.

27Los hombres justos odian a los criminales y los criminales odian a los justos.

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