Proverbios 23
Santa Biblia Martín Nieto ›1Cuando te sientes a la mesa de un grande, observa bien lo que está delante de ti.
2Pon un cuchillo en tu garganta, si tienes demasiado apetito.
3No codicies sus delicados manjares; es un alimento engañoso.
4No te fatigues por enriquecerte, renuncia a la ganancia injusta.
5Si fijas en ella tus ojos, ya no está allí, porque ha echado alas, como el águila ha volado hacia el cielo.
6No comas en compañía del hombre envidioso, ni codicies sus delicados manjares.
7Porque son como una tempestad en la garganta. "Come y bebe", te dice él, pero su corazón no está contigo.
8Vomitarás el bocado que has tragado, echarás a perder tus palabras aduladoras.
9No hables a oídos de necio, porque despreciará la sabiduría de tus discursos.
10No cambies los linderos antiguos y no entres en el campo de los huérfanos,
11porque poderoso es su vengador; él defenderá su causa contra ti.
12Aplica tu corazón a la doctrina, tus oídos a las palabras sabias.
13No ahorres a tu hijo la corrección; aunque le castigues con la vara, no morirá.
14Golpéale con la vara, y librarás su alma del abismo.
15Hijo mío, si tu corazón es sabio, también mi corazón se alegrará;
16y mis entrañas exultarán de gozo cuando tus labios digan cosas justas.
17No tengas envidia de los pecadores; antes bien, teme siempre al Señor,
18porque así tendrás un porvenir y tu esperanza no se verá frustrada.
19Escucha, hijo mío, y sé sabio, dirige tu corazón por el camino recto.
20No estés entre los bebedores de vino ni seas de los que se ceban de carne.
21Porque el bebedor y el glotón se empobrecen, y el sueño hace vestir harapos.
22Escucha a tu padre, que te ha engendrado, y no desprecies a tu madre cuando se haga anciana.
23Hazte con la verdad y no la vendas; con la sabiduría, la instrucción y la inteligencia.
24El padre del justo rebosará de alegría, y la que dio a la vida un sabio se alegrará.
25Que pueda alegrarse de ti tu padre, y gozarse la que te engendró.
26Hijo mío, dame tu corazón y ten los ojos fijos en mis consejos.
27Porque una fosa profunda es la prostituta y un pozo estrecho la mujer ajena.
28Sí; como el ladrón, está ella al acecho, y entre los hombres multiplica los prevaricadores.
29¿Para quién los ayes?, ¿para quién los lamentos?, ¿para quién las disputas?, ¿para quién las quejas?, ¿para quién las heridas sin motivo?, ¿para quién los ojos amoratados?
30Para los que se entretienen con el vino, para los que andan saboreando combinados.
31No mires al vino: ¡qué color de rosa!, ¡cómo brilla en la copa!, ¡qué suavemente pasa!
32Pero luego acaba por morder como serpiente y pica como una víbora.
33Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón hablará despropósitos.
34Serás como un hombre acostado en alta mar o acostado en la punta de un mástil.
35"Me han pegado... ¡No me ha dolido! Me han golpeado... ¡No lo he sentido! ¿Cuándo me despertaré...? Iré a buscar más".