Mateo 8
Santa Biblia Martín Nieto ›1Cuando bajó del monte, lo siguieron las multitudes.
2En esto se le acercó un leproso, se puso de rodillas ante él y le dijo: "Señor, si quieres puedes limpiarme".
3Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: "Quiero. Queda limpio". Y al instante quedó limpio de su lepra.
4Jesús le dijo: "Mira, no se lo digas a nadie; pero anda, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les conste tu curación".
5Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un oficial suplicándole:
6"Señor, mi criado está paralítico en casa con unos dolores terribles".
7Jesús le dijo: "Yo iré a curarlo".
8El oficial respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; dilo sólo de palabra, y mi criado quedará curado.
9Porque yo, que soy un hombre sujeto al mando, tengo bajo mis órdenes soldados, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace".
10Jesús, al oírlo, quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Os aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con una fe como ésta.
11Muchos del oriente y del occidente vendrán y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios,
12pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de fuera: allí será el llanto y el crujir de dientes".
13Y Jesús dijo al oficial: "Anda, y que suceda como has creído". Y en aquella misma hora el criado se curó.
14Cuando Jesús llegó a casa de Pedro, vio a la suegra de éste, que estaba en cama y con fiebre. Él la agarró de la mano
15y desapareció la fiebre; ella se levantó y se puso a atenderle.
16Al anochecer, le presentaron muchos endemoniados; y con su palabra echó a los espíritus y curó a todos los enfermos,
17para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.
18Jesús, al verse rodeado de tanta gente, mandó que lo llevaran a la otra orilla del lago.
19Entonces llegó un maestro de la ley y le dijo: "Maestro, te seguiré adondequiera que vayas".
20Jesús le dijo: "Las raposas tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza".
21Otro de sus discípulos le dijo: "Señor, déjame ir a enterrar a mi padre".
22Jesús le dijo: "Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos".
23Jesús subió a una barca acompañado de sus discípulos.
24De pronto se alborotó tanto el mar que las olas saltaban por encima de la barca, y él dormía.
25Se acercaron los discípulos y lo despertaron, diciendo: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!".
26Jesús les dijo: "¿Por qué tembláis, hombres de poca fe?". Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar y sobrevino una gran calma.
27Los discípulos, asombrados, decían: "¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?".
28Al llegar a la orilla opuesta, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían del cementerio, tan furiosos que nadie podía pasar por aquel camino.
29Y gritaron: "¡Déjanos en paz, hijo de Dios! ¿Has venido aquí antes de tiempo para atormentarnos?".
30Pacía no lejos de ellos una gran piara de cerdos,
31y los demonios le pidieron: "Si nos echas, envíanos a la piara de cerdos".
32Jesús les dijo: "Id". Ellos salieron, se metieron en los cerdos y, al instante, toda la piara se lanzó al lago por un precipicio y se ahogaron.
33Los porqueros huyeron y, al llegar al pueblo, contaron todo, también lo de los endemoniados.
34El pueblo entero salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de allí.