Lucas 23
Santa Biblia Martín Nieto ›1Se levantó la asamblea, lo condujeron a Pilato
2y comenzaron a acusarle, diciendo: "Nosotros lo hemos encontrado alborotando a nuestra nación, prohibiendo pagar tributo al césar y diciendo que él es el cristo rey".
3Pilato le preguntó: "¿Tú eres el rey de los judíos?". Y él respondió: "Tú lo dices".
4Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: "No encuentro ninguna culpa en este hombre".
5Pero ellos insistían con más energía: "Alborota al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde empezó, hasta aquí".
6Pilato al oír esto, preguntó si era galileo;
7al asegurarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió, porque Herodes estaba también en Jerusalén por aquellos días.
8Herodes se alegró mucho de ver a Jesús, porque hacía bastante tiempo que quería verlo, pues había oído hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro.
9Le hizo muchas preguntas, pero él no respondía nada.
10Por su parte, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley estaban allí y lo acusaban duramente.
11Herodes, con sus soldados, trató con desprecio a Jesús, se burló de él, le puso un vestido blanco y lo envió a Pilato.
12Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes eran enemigos.
13Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo:
14"Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo; yo lo he interrogado delante de vosotros y no lo he encontrado culpable de las cosas de que lo acusáis.
15Herodes tampoco, puesto que nos lo ha devuelto. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte.
16Por tanto, lo pondré en libertad después de haberlo castigado".
17Por la fiesta tenía por costumbre sortarles a un preso.
18Ellos gritaban todos a una: "Quita de en medio a ése y deja en libertad a Barrabás".
19Éste había sido encarcelado por una revuelta ocurrida en la ciudad y por un homicidio.
20De nuevo Pilato les habló, pues quería dejar en libertad a Jesús.
21Pero ellos gritaron: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!".
22Y Pilato, por tercera vez, les dijo: "¿Pero qué mal ha hecho? No he encontrado en él causa alguna de muerte; por tanto, lo dejaré en libertad después de haberlo castigado".
23Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado, y sus gritos cada vez eran más fuertes.
24Pilato decidió que se hiciera como pedían.
25Dejó en libertad al que pedían (el que había sido encarcelado por una revuelta y un homicidio), y les entregó a Jesús para que hicieran con él lo que quisieran.
26Cuando lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.
27Lo seguía mucha gente del pueblo y mujeres, que se daban golpes de pecho y se lamentaban por él.
28Jesús se volvió a ellas y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos,
29porque vienen días en los que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han amamantado.
30Entonces comenzarán a decir a las montañas: Caed sobre nosotros, y a los collados: Sepultadnos;
31porque si esto hacen al leño verde, ¿qué no harán al seco?".
32Llevaban también a dos criminales para ejecutarlos con él.
33Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los criminales, uno a la derecha y otro a la izquierda.
34Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Y se repartieron sus vestidos a suertes.
35El pueblo estaba mirando. Las mismas autoridades se burlaban, diciendo: "Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si es el mesías de Dios, el elegido".
36También los soldados se burlaban de él, se acercaban y le daban vinagre,
37diciendo: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo".
38Encima de él había un letrero que decía: "Éste es el rey de los judíos".
39Uno de los criminales crucificados le insultaba diciendo: "¿No eres tú el mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros".
40Pero el otro le reprendió diciendo: "¿Ni siquiera temes a Dios tú que estás en el mismo suplicio?
41Nosotros estamos aquí en justicia, porque recibimos lo que merecen nuestras fechorías; pero éste no ha hecho nada malo".
42Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey".
43Y le contestó: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
44Hacia el mediodía las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde.
45El sol se eclipsó y la cortina del templo se rasgó por medio.
46Y Jesús, con fuerte voz, dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Dijo esto y expiró.
47El oficial, al ver lo que había ocurrido, daba gloria a Dios, diciendo: "Verdaderamente este hombre era justo".
48Y toda la gente que había asistido al espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba dándose golpes de pecho.
49Todos los conocidos de Jesús estaban a distancia, igual que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, presenciando todo esto.
50Un hombre llamado José, miembro del tribunal supremo, hombre bueno y justo,
51de Arimatea, ciudad de Judea, el cual no estaba de acuerdo con las actuaciones del tribunal y que esperaba el reino de Dios,
52se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
53Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, en el que todavía no había sido puesto nadie.
54Era el día de la preparación de la pascua, y rayaba ya el sábado.
55Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea lo siguieron de cerca y vieron el sepulcro y cómo fue colocado su cuerpo.
56Regresaron y prepararon aromas y ungüentos. El sábado descansaron, como estaba prescrito.