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Lucas 10

Santa Biblia Martín Nieto

1Después de esto, el Señor designó otros setenta y dos, y los envió delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde él pensaba ir.

2Y les dijo: "La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

3¡Andad!; mirad que yo os envío como corderos en medio de lobos.

4No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; no saludéis a nadie por el camino.

5Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.

6Si allí vive gente de paz, vuestra paz reposará sobre ellos; si no, se volverá a vosotros.

7Quedaos en esa casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa.

8Si llegáis a un pueblo y os reciben bien, comed lo que os sirvan;

9curad a los enfermos que haya y decidles: El reino de Dios está cerca de vosotros.

10Pero si llegáis a un pueblo y no os reciben, id por las calles diciendo:

11Hasta el polvo de vuestro pueblo que se nos pegó a los pies nos lo sacudimos.

12Yo os digo que en el día del juicio habrá más tolerancia para Sodoma que para ese pueblo".

13"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace ya tiempo que se hubieran arrepentido cubiertas de saco y de ceniza.

14En el día del juicio habrá más tolerancia para Tiro y Sidón que para vosotras.

15Y tú, Cafarnaún, ¿crees que te vas a elevar hasta el cielo? ¡Hasta el abismo te hundirás!

16El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado".

17Los setenta y dos volvieron llenos de alegría, diciendo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre".

18Y Jesús les dijo: "Yo veía a Satanás cayendo del cielo como un rayo.

19Ved que os he dado poder de pisar serpientes y escorpiones, y sobre todas las fuerzas del enemigo, sin que nada os dañe.

20Pero no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo".

21En aquel momento, lleno de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, dijo: "Yo te alabo, Padre, señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los hombres sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos. Sí, Padre, porque así has querido.

22Mi Padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce al hijo sino el Padre; y nadie conoce al Padre sino el hijo y aquel a quien el hijo se lo quiera manifestar".

23Se volvió a los discípulos y les dijo aparte: "¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis!

24Os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron".

25Se levantó entonces un doctor de la ley y le dijo para tentarlo: "Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?".

26Jesús le respondió: "¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?".

27Él le contestó: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo".

28Jesús le dijo: "Has respondido muy bien; haz eso y vivirás".

29Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: "¿Quién es mi prójimo?".

30Jesús respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó entre ladrones, que le robaron todo lo que llevaba, le hirieron gravemente y se fueron dejándolo medio muerto.

31Un sacerdote bajaba por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.

32Igualmente un levita, que pasaba por allí, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.

33Pero llegó un samaritano, que iba de viaje, y, al verlo, se compadeció de él;

34se acercó, le vendó las heridas, echando en ellas aceite y vino; lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él.

35Al día siguiente sacó unos dineros y se los dio al posadero, diciendo: Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.

36¿Quién de los tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?".

37Y él contestó: "El que se compadeció de él". Jesús le dijo: "Anda y haz tú lo mismo".

38Camino adelante, llegó Jesús a una aldea; y una mujer, de nombre Marta, lo recibió en su casa.

39Marta tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras.

40Marta, que andaba afanosa en los muchos quehaceres, se paró y dijo: "Señor, ¿te parece bien que mi hermana me deje sola con las faenas? Dile que me ayude".

41El Señor le contestó: "Marta, Marta, tú te preocupas y te apuras por muchas cosas,

42y sólo es necesaria una. María ha escogido la parte mejor, y nadie se la quitará".

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