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Jueces 5

Santa Biblia Martín Nieto

1En aquel día Débora y Barac, hijo de Abinoán, cantaron así:

2"Los príncipes de Israel se pusieron al frente, el pueblo se ofreció voluntario. ¡Bendecid al Señor!

3Oíd, reyes; prestad atención, príncipes: yo cantaré al Señor, Dios de Israel.

4Señor, cuando tú saliste de Seír, cuando avanzaste desde los campos de Edón, la tierra tembló, se turbó el cielo, las nubes se deshicieron en agua.

5Los montes se derritieron ante la presencia del Señor, ante la presencia del Señor, Dios de Israel.

6En los días de Sangar, hijo de Anat, en los días de Yael, los caminos estaban desiertos; los que andaban por los caminos, iban por senderos tortuosos.

7Faltaron los jefes de Israel, faltaron; hasta que surgiste tú, oh Débora, surgiste como madre de Israel.

8Se preferían dioses extranjeros; la guerra llegaba ya a las puertas; apenas se veía un escudo o una lanza entre los cuarenta mil de Israel.

9Mi corazón se vuelve a los jefes de Israel, a los valientes del pueblo: ¡Bendecid al Señor!

10Los que montáis asnas blancas, sentados sobre tapices, y vosotros los que vais por los caminos: ¡Cantad!

11Al clamor de los que salen a los abrevaderos, allí se celebran las gestas del Señor, las gestas de su dominio en Israel. (El pueblo del Señor bajó a las puertas).

12Despiértate, despiértate, entona un cántico. Ánimo, levántate, Barac, y lleva tus prisioneros, hijo de Abinoán.

13Entonces Israel bajó a las puertas, el pueblo del Señor salió en su defensa con los nobles.

14Los príncipes de Efraín están en el llano, su hermano Benjamín entre sus tropas; de Maquir bajaron los jefes, y de Zabulón los que llevan el bastón de mando.

15Los príncipes de Isacar están con Débora, Isacar fue el apoyo de Barac, pues se lanzó tras él al valle. En los clanes de Rubén hay grandes decisiones.

16¿Por qué te quedaste en tus apriscos, escuchando las flautas de los pastores? En los clanes de Rubén hay grandes decisiones.

17Galaad se quedó al otro lado del Jordán; y Dan, ¿por qué se quedó junto a las naves? Aser se sentó a orillas del mar, y habita tranquilo en sus puertos.

18Zabulón arriesgó su vida, como Neftalí, en lo alto de sus campos.

19Vinieron los reyes, lucharon; entonces los reyes de Canaán combatieron en Tanac, junto a las aguas de Meguido, pero no obtuvieron un botín de plata.

20Desde los cielos combatieron las estrellas, desde sus órbitas combatieron a Sísara.

21El arroyo Quisón los arrastró, arroyo sagrado el arroyo Quisón, los barrió con violencia.

22Los cascos de los caballos resonaron al galope, al galope con sus jinetes.

23Maldecid a Meroz, dijo el ángel del Señor, maldecid, maldecid a sus habitantes, que no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor entre los héroes.

24Bendita entre las mujeres sea Yael, (la mujer de Jéber el quenita), bendita entre las mujeres del campamento.

25Pidió agua, ella le dio leche; en copa preciosa le sirvió nata.

26Con su mano cogió el clavo, con la derecha el martillo de los trabajadores. Le golpeó, le rompió la cabeza, le atravesó la sien.

27A sus pies se doblegó, cayó, yació, a sus pies se derrumbó, cayó; donde se doblegó, allí cayó muerto.

28La madre de Sísara se asoma a la ventana, mira por entre las celosías. ¿Por qué tarda en venir su carro? ¿Por qué son tan lentas sus cuadrigas?

29La más avisada de sus damas responde y se repite las mismas palabras:

30Seguramente han encontrado botín y lo están repartiendo; una, dos jóvenes para cada guerrero, un vestido, dos vestidos de colores para Sísara; un vestido, dos vestidos bordados para su cuello.

31Así perezcan todos tus enemigos, oh, Señor; y aquellos que te aman, sean como el sol cuando se levanta con todo vigor".

32La tierra estuvo en paz durante cuarenta años.

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