Job 37
Santa Biblia Martín Nieto ›1Por eso tiembla mi corazón y salta fuera de su sitio.
2Escuchad, escuchad el fragor de su voz, el bramido que sale de su boca.
3Su relámpago cruza todo el cielo y llega hasta el fin de la tierra.
4Detrás de él ruge su voz, porque Dios truena con su voz soberbia, y nada puede retener sus rayos cuando su voz retumba.
5Sí; nos manifiesta Dios sus maravillas, cosas grandiosas que no comprendemos.
6Cuando dice a la nieve: "Cae sobre la tierra", y a las lluvias: "Caed a torrentes",
7las manos del hombre quedan entonces inactivas, para que todos reconozcan su obra.
8Los animales huyen a sus guaridas, en sus cubiles se refugian.
9Del mediodía viene el huracán, y el frío de los vientos del norte.
10Al soplo de Dios se forma el hielo, se congela la superficie de las aguas.
11Él carga de vapor las nubes, y el nubarrón esparce sus relámpagos,
12y éstos, dando vueltas, van circulando conforme a sus designios, ejecutando todo lo que él manda sobre el haz del orbe terráqueo.
13Ya como castigo y maldición, ya como señal de bondad, él los envía.
14Escucha esto, Job; detente y considera los prodigios de Dios.
15¿Sabes acaso cómo Dios los dispone y cómo hace brillar el rayo de su nube?
16¿Sabes cómo están suspendidas las nubes, maravilla de una ciencia consumada?
17¿Sabes por qué se calientan tus vestidos cuando azota la tierra el viento del sur?
18¿Extiendes con él la bóveda del cielo, sólido como espejo de metal fundido?
19Indícanos qué le hemos de decir, pues a causa de las tinieblas no discutiremos.
20Cuando yo quiero hablar, ¿es preciso anunciárselo? Cuando habla un hombre, ¿hay que informarle?
21A veces no se ve la luz, oscurecida por las nubes; pero un viento sopla luego y las despeja.
22Y llega del norte un resplandor: Dios envuelto en majestad terrible.
23¡El todopoderoso! No lo podemos alcanzar; inmenso por su fuerza y rectitud, maestro de justicia, a nadie oprime.
24Por eso tienen que temerle los hombres, y él no mira a quien se cree sabio.