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Hechos 7

Santa Biblia Martín Nieto

1El sumo sacerdote preguntó: "¿Es esto verdad?".

2Y él dijo: "Hermanos y padres, escuchad: El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abrahán cuando estaba en Mesopotamia, antes de vivir en Jarán,

3y le dijo: Sal de tu tierra, deja tu familia y ven a la tierra que yo te mostraré.

4Salió entonces de la tierra de los caldeos y vivió en Jarán. Y allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en que vosotros habitáis ahora;

5y no le dio propiedad en esta región, ni siquiera un pie de tierra; pero prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque no tenía hijos.

6Dios le declaró que su descendencia sería emigrante en tierra extranjera, y la esclavizarían y la maltratarían durante cuatrocientos años;

7pero añadió: Yo juzgaré a la nación que los esclavice; y después de esto saldrán y me adorarán en este lugar.

8Y le dio la alianza de la circuncisión; por eso circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días de nacer; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.

9Los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron a Egipto. Pero Dios estaba con él,

10y lo libró de todas sus tribulaciones; le dio una gran sabiduría, con lo que se ganó el favor del Faraón, rey de Egipto, que lo hizo gobernador de Egipto y de toda la casa real.

11Sobrevino entonces en todo Egipto y en Canaán tal hambre y escasez que nuestros padres no encontraban qué comer.

12Jacob oyó que en Egipto había trigo y envió allí por primera vez a nuestros padres.

13La segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos, y el Faraón conoció a la familia de José.

14Entonces José mandó llamar a su padre Jacob y a toda la familia, compuesta de setenta y cinco personas.

15Jacob fue a Egipto, donde él y nuestros padres murieron.

16Sus cuerpos fueron trasladados a Siquén y puestos en el sepulcro que Abrahán había comprado con dinero a los hijos de Jamot.

17A medida que se acercaba el tiempo en que se debía cumplir la promesa que Dios había hecho a Abrahán, el pueblo aumentaba y se multiplicaba en Egipto,

18hasta que surgió otro rey que no conocía a José.

19Éste se portó cruelmente con nuestros padres y les obligó a abandonar a sus hijos recién nacidos, para que se extinguiese la raza.

20En este momento nació Moisés, que fue grato a Dios. Criado durante tres meses en casa de su padre,

21fue abandonado, y la hija del Faraón lo recogió y lo crió como hijo propio.

22Moisés fue instruido en todo el saber de los egipcios, y era poderoso en palabras y obras.

23Cuando cumplió cuarenta años, se propuso visitar a sus hermanos, los israelitas.

24Vio maltratar a uno de ellos, salió en su defensa y se vengó de él matando al egipcio.

25Esperaba que sus hermanos comprendieran que Dios les daba por medio de él la libertad; pero ellos no lo entendieron.

26Al día siguiente los sorprendió riñendo y trató de reconciliarlos, diciendo: Hombres, sois hermanos; ¿por qué os maltratáis unos a otros?

27El que maltrataba a su prójimo lo rechazó diciendo: ¿Quién te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros?

28¿Es que quieres matarme, como mataste ayer al egipcio?

29Al oír esto, Moisés huyó y se fue a vivir como extranjero a la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.

30Cuarenta años después, se le apareció en el desierto del monte Sinaí un ángel en la llama de una zarza ardiente.

31Moisés se sorprendió de lo que veía; al acercarse para verlo mejor, se oyó la voz del Señor:

32Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Moisés, tembloroso, no se atrevió a mirar.

33El Señor le dijo: Descálzate, porque el lugar en que estás es tierra santa.

34He visto bien la esclavitud de mi pueblo en Egipto; he oído sus gemidos y he bajado a librarlos. Y ahora ven, que te voy a enviar a Egipto.

35A este Moisés a quien habían rechazado diciendo: ¿Quién te ha puesto por jefe y juez?, a ése Dios lo envió como jefe y libertador por mediación del ángel que se le apareció en la zarza.

36Él fue quien los sacó, obrando prodigios y milagros en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.

37Él es el que dijo a los israelitas: Dios os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo.

38Él es el que, en la asamblea, en el desierto, estuvo con el ángel que les hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que escribió palabras de vida para transmitírnoslas;

39al que no quisieron obedecer nuestros padres, sino que lo rechazaron, y, con el corazón puesto en Egipto,

40dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué ha sido de él.

41Hicieron en aquellos días un becerro, ofrecieron sacrificios al ídolo y se regocijaron en la obra de sus manos.

42Dios, entonces, les volvió las espaldas y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto durante cuarenta años, casa de Israel?

43Pero llevasteis la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, las imágenes que hicisteis para adorarlas. También yo os desterraré más allá de Babilonia.

44Nuestros padres tenían en el desierto la tienda del testimonio, como ordenó aquel que dijo a Moisés que lo hiciera según el modelo que había visto.

45Nuestros antepasados se fueron pasando la tienda de padres a hijos y la introdujeron, guiados por Josué, en la tierra conquistada a los paganos, a los que expulsó Dios delante de ellos. Así hasta los días de David,

46el cual gozaba del favor de Dios, y le pidió que le permitiera construir una morada al Dios de Jacob.

47Sin embargo, fue Salomón el que la construyó.

48Pero el altísimo no habita en obras hechas por manos de hombres, como dice el profeta:

49El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies; ¿qué casa podríais construirme y qué lugar para reposo mío?

50¿No hizo mi mano todas estas cosas?

51Hombres de cabeza dura e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como fueron vuestros padres, así sois también vosotros.

52¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Mataron a los que predijeron la venida del Justo, del cual vosotros ahora sois los traidores y asesinos;

53vosotros, que habéis recibido la ley por ministerio de los ángeles, y no la habéis guardado".

54Al oír esto estallaban de rabia sus corazones, y rechinaban los dientes contra él.

55Pero él, lleno del Espíritu Santo, con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios,

56y dijo: "Veo los cielos abiertos y al hijo del hombre de pie a la derecha de Dios".

57Ellos, lanzando grandes gritos, se taparon los oídos y se lanzaron todos a una sobre él;

58lo llevaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.

59Mientras lo apedreaban, Esteban oró así: "Señor Jesús, recibe mi espíritu".

60Y puesto de rodillas, gritó con fuerte voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y diciendo esto, expiró. Saulo aprobaba este asesinato.

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