Hechos 2
Santa Biblia Martín Nieto ›1Al llegar el día de pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.
2De repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban.
3Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.
4Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse.
5Había en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo.
6Al oír el ruido, la multitud se reunió y se quedó estupefacta, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
7Fuera de sí todos por aquella maravilla, decían: "¿No son galileos todos los que hablan?
8Pues, ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra lengua materna?
9Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y el Asia,
10Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia y de Cirene, forasteros romanos,
11judíos y prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las grandezas de Dios".
12Todos fuera de sí y desconcertados, se decían unos a otros: "¿Qué significa esto?".
13Pero otros, burlándose, decían: "Están borrachos".
14Entonces Pedro, en pie con los once, les dirigió en voz alta estas palabras: "Judíos y habitantes todos de Jerusalén: percataos bien de esto y prestad atención a mis palabras.
15No; éstos no están borrachos, como vosotros suponéis, pues son las nueve de la mañana;
16lo que pasa es que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel:
17En los últimos días, dice Dios: derramaré mi espíritu sobre todos los hombres, vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y vuestros jóvenes visiones,
18y hasta en los esclavos y esclavas derramaré mi espíritu aquellos días.
19Y haré aparecer señales en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo.
20El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor grande y glorioso.
21Pero el que invoque el nombre del Señor se salvará.
22Israelitas, escuchadme: Dios acreditó ante vosotros a Jesús el Nazareno con los milagros, prodigios y señales que hizo por medio de él, como bien sabéis.
23Conforme al plan proyectado y previsto por Dios, os lo entregaron, y vosotros lo matasteis crucificándolo por manos de los paganos;
24pero Dios lo ha resucitado, rompiendo las ligaduras de la muerte, pues era imposible que la muerte dominara sobre él.
25Porque David dice de él: Veía siempre al Señor en mi presencia, lo tengo a mi derecha, y así nunca tropiezo.
26Por eso se alegra mi corazón, se gozan mis entrañas, todo mi ser descansa bien seguro,
27pues tú no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu fiel amigo vea la corrupción.
28Me has enseñado el camino de la vida me has llenado de gozo en tu presencia.
29Hermanos, hablemos con franqueza. El patriarca David murió y fue sepultado, y su sepulcro subsiste entre nosotros hasta el día de hoy.
30Pero era profeta y sabía que Dios le había jurado solemnemente sentar sobre su trono un descendiente suyo. Por eso
31previó y anunció la resurrección del mesías cuando dijo que no sería abandonado en el abismo ni su cuerpo vería la corrupción.
32Dios ha resucitado a éste, que es Jesús, de lo que todos nosotros somos testigos.
33Exaltado, pues, por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo, objeto de la promesa, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.
34Porque David no subió al cielo, sino que él dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha
35hasta que haga a tus enemigos estrado de tus pies.
36Tenga, pues, todo Israel la certeza de que Dios ha constituido señor y mesías a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado".
37Al oírle, se conmovieron profundamente y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué debemos hacer, hermanos?".
38Y Pedro les dijo: "Arrepentíos, y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesucristo para el perdón de vuestros pecados; entonces recibiréis el don del Espíritu Santo.
39Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y también para todos los extranjeros que llame el Señor Dios nuestro".
40Y con otras muchas palabras los apremiaba y los exhortaba diciendo: "Salvaos de esta generación perversa".
41Y los que acogieron su palabra se bautizaron; y aquel día se agregaron unas tres mil personas.
42Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la unión fraterna, en partir el pan y en las oraciones.
43Todos estaban impresionados ante los prodigios y señales que hacían los apóstoles.
44Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común;
45vendían las posesiones y haciendas, y las distribuían entre todos, según la necesidad de cada uno.
46Todos los días acudían juntos al templo, partían el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
47alabando a Dios y gozando del favor de todo el pueblo. El Señor añadía cada día al grupo a todos los que entraban por el camino de la salvación.