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Eclesiástico (Sirácide) 50

Santa Biblia Martín Nieto

1Simón, hijo de Onías, el sumo sacerdote, fue el que durante su vida reparó el templo, y en sus días fue consolidado el santuario.

2Echó los fundamentos de doble altura, el alto contrafuerte del muro del templo.

3En sus días fue excavado el estanque de las aguas, estanque semejante al mar por su capacidad.

4Él se empeñó en preservar a su pueblo de la ruina, y fortificó la ciudad para caso de cerco.

5¡Qué majestuoso era cuando el pueblo lo rodeaba al salir de entre los velos del santuario!

6Como estrella matutina en medio de las nubes, como luna en días de plenilunio,

7como el sol que reverbera sobre el templo del altísimo, como el arco iris brillando en nubes de gloria;

8como rosa en días de primavera, como lirio junto al manantial y como brote del árbol del incienso en tiempo de verano;

9como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo, adornado con toda clase de piedras preciosas;

10como olivo cargado de frutos y como ciprés que se eleva hasta las nubes.

11Cuando se ponía las vestiduras de fiesta y se vestía con ropas suntuosas, subía al altar santo y hacía resplandecer el ámbito del santuario.

12Cuando recibía las porciones sacrificiales de manos de los sacerdotes en pie junto al fuego, rodeado de una corona de hermanos; y a su alrededor, como brotes de palmera,

13todos los hijos de Aarón en su gloria, con los sacrificios del Señor en sus manos ante toda la asamblea de Israel,

14hasta acabar el servicio del altar y disponer el sacrificio del altísimo omnipotente.

15Cuando él extendía su mano a la copa y ofrecía la sangre de la uva derramándola al pie del altar, como suave olor para el altísimo, rey del universo,

16entonces gritaban los hijos de Aarón, tocaban las trompetas de metal bruñido, dejando oír un potente sonido, como memorial ante el altísimo.

17Entonces todo el pueblo a una se apresuraba a postrarse en tierra para adorar al Señor, Dios altísimo, omnipotente.

18También los cantores con sus voces le alababan, y una dulce melodía llenaba todo el templo;

19el pueblo suplicaba al Señor altísimo, y al misericordioso dirigía sus plegarias hasta finalizar la ceremonia y terminar el acto de servicio cultual.

20Entonces él descendía y levantaba las manos sobre la congregación del pueblo de Israel para dar en voz alta la bendición del Señor y tener el honor de pronunciar su nombre.

21Entonces, por segunda vez, se prosternaban para recibir la bendición del altísimo.

22Ahora bendecid al Dios del universo, que hace grandes cosas por doquier, que exalta nuestros días desde el seno materno y obra con nosotros según misericordia.

23Que él nos conceda alegre corazón y que haga reinar la paz en nuestros días sobre Israel y hasta la eternidad.

24Que su misericordia permanezca fielmente a nuestro lado, y en nuestros días él nos libere.

25Dos pueblos me son odiosos, y un tercero que ni siquiera es pueblo:

26los que habitan en la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo estúpido que mora en Siquén.

27Doctrina sabia y ciencia consignó en este libro Jesús, hijo de Sirá Eleazar, de Jerusalén, que derramó como lluvia la sabiduría de su corazón.

28Dichoso el hombre que en estas cosas se ejercite, pues quien las medite en su corazón se hará sabio.

29Si así lo hace, será fuerte para todo, porque la luz del Señor será su senda.

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