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Eclesiástico (Sirácide) 16

Santa Biblia Martín Nieto

1No desees multitud de hijos si son unos inútiles, ni te alegres de tener hijos malvados.

2Aunque sean muchos, no te goces en ellos si no tienen el temor del Señor.

3No confíes en su vida ni te apoyes en su número, porque es mejor uno que mil, y morir sin hijos que tenerlos malos.

4Con un solo hombre inteligente se puebla una ciudad, mas la raza de los malvados será aniquilada.

5Muchas cosas como éstas han visto mis ojos y cosas más graves oyeron mis oídos.

6En la asamblea de los delincuentes se encendió el fuego, en la nación rebelde se inflamó la cólera.

7No perdonó a los antiguos gigantes, que confiados en su fuerza se rebelaron.

8No se compadeció de los vecinos de Lot, de los que sintió asco a causa de su orgullo.

9No tuvo piedad de la raza maldita, que fueron exterminados por sus débitos,

10ni de los seiscientos mil hombres que se habían confabulado en la dureza de su corazón.

11Aunque no hubiese habido más que uno de cabeza dura, maravilla sería que hubiese quedado impune. Porque en él están la misericordia y la ira; es poderoso en perdones y fulmina su ira.

12Tan grande es su misericordia como su severidad, y juzga a todos según sus obras.

13No deja escapar al malvado con su rapiña, ni frustra la paciencia del justo.

14Dará curso libre a su piedad, cada uno recibirá según sus obras.

15El Señor endureció el corazón del faraón que no lo quiso reconocer para manifestar sus obras bajo el cielo.

16Todas las criaturas conocen su compasión, su luz y su alabanza son la porción de los hombres.

17No digas: "Me esconderé del Señor; allá arriba, ¿quién se va a acordar de mí?; no seré reconocido entre tanta gente, porque ¿quién soy yo en la inmensa creación?".

18Mira, el cielo y los cielos altísimos, el abismo y la tierra se estremecen con su visita.

19Los montes y los cimientos de la tierra tiemblan por igual cuando él los mira.

20Pero sobre estas cosas nadie reflexiona; sus caminos, ¿quién los considera?

21También la tempestad permanece invisible, y la mayor parte de sus obras están ocultas.

22Las obras de su justicia, ¿quién las enuncia? ¿O qué se va a esperar por esto? Porque la recompensa está muy lejana.

23Así piensa el hombre que ha perdido el juicio; el insensato y el extraviado sólo piensan locuras.

24Escúchame, hijo, y aprende mi enseñanza; aplica tu corazón a mis palabras.

25Te expondré la instrucción con mesura, con exactitud te daré a conocer mi doctrina.

26Cuando al principio Dios creó sus obras, una vez hechas distribuyó sus partes.

27Ordenó para siempre sus obras, desde sus orígenes y por generaciones. Ni tienen hambre ni se cansan, y no cesa su actividad.

28Ninguna entorpece a la otra, jamás desobedecerán a su palabra.

29Después de esto, miró el Señor la tierra y la llenó de sus bienes.

30Con toda clase de vivientes cubrió su superficie, y todos volverán a la tierra.

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