1 Reyes 13
Santa Biblia Martín Nieto ›1Mientras Jeroboán estaba de pie junto al altar, quemando incienso, un hombre de Dios llegó de Judá a Betel por orden del Señor,
2y gritó contra el altar por orden del Señor: "¡Altar, altar! Esto dice el Señor: Nacerá un hijo a la casa de David, llamado Josías, e inmolará sobre ti a los sacerdotes de las colinas que en ti queman incienso, de modo que arderán sobre ti huesos humanos".
3Al mismo tiempo dio una señal, diciendo: "Ésta será la señal de que ha hablado el Señor: El altar se va a partir y a derramarse la ceniza que hay sobre él".
4El rey, al oír la amenaza que el hombre de Dios había gritado contra el altar de Betel, extendió su mano desde el altar, y dijo: "¡Prendedlo!". Pero la mano que había extendido contra él se le quedó tiesa sin poderla mover.
5Y el altar se partió y la ceniza se derramó del altar, conforme a la señal que el hombre de Dios había dado por orden del Señor.
6Entonces el rey dijo al hombre de Dios: "¡Por favor! Suplica al Señor, tu Dios, y ruega por mí para que pueda mover mi mano". El hombre de Dios invocó al Señor, y el rey pudo mover la mano, quedando como antes.
7El rey dijo al hombre de Dios: "Ven a comer conmigo, que quiero hacerte un regalo".
8Pero el hombre de Dios le contestó: "Aunque me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan, ni bebería agua en este lugar;
9pues el Señor me ha ordenado esto: No comerás pan, ni beberás agua, ni regresarás por el camino que fuiste".
10Y se fue por otro camino distinto.
11En Betel vivía un profeta anciano, cuyos hijos fueron a contarle todo lo que había hecho el hombre de Dios aquel día en Betel y las palabras que había dirigido al rey. Se lo contaron,
12y él les preguntó: "¿Por qué camino se ha ido?". Sus hijos le indicaron el camino por donde el hombre de Dios, venido de Judá, se había ido.
13Él dijo: "Aparejadme un asno". Le aparejaron un asno, y él se montó encima;
14fue en seguimiento del hombre de Dios, y lo encontró sentado bajo un terebinto. "¿Eres tú -le dijo- el hombre de Dios que ha llegado de Judá?". "Yo soy", respondió.
15Él dijo: "Ven conmigo a mi casa a comer un bocado".
16"No puedo volverme contigo ni acompañarte -replicó-. No comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar,
17pues el Señor me ha ordenado: No comerás allí pan, ni beberás agua, ni regresarás por el camino que fuiste".
18El anciano insistió: "También yo soy profeta como tú, y un ángel me ha dicho de parte del Señor: Hazle volver contigo a tu casa para que coma pan y beba agua". Así le engañó.
19Se fue con él y comió pan en su casa y bebió agua.
20Mientras estaban sentados a la mesa, el Señor habló al profeta que le había hecho volverse,
21el cual gritó al hombre de Dios que había llegado de Judá: "Por haber sido rebelde a la orden del Señor y no haber obedecido el mandato que te dio el Señor,
22por haber vuelto y haber comido y bebido donde él te había prohibido hacerlo, tu cadáver no reposará en el sepulcro de tus padres".
23Después de haber comido y bebido, aparejó el asno al profeta que había hecho volver.
24Éste se fue; un león le salió por el camino y lo mató, quedando su cadáver tendido en el camino. El asno y el león se quedaron junto al cadáver.
25Unos hombres que pasaban vieron el cadáver tendido en el camino y el león al lado, llegaron a la ciudad del profeta anciano y lo contaron.
26Cuando se enteró el profeta que había hecho volver al otro de su camino exclamó: "Es el hombre de Dios, que ha sido rebelde al mandato del Señor, y por eso el Señor lo ha entregado al león para que lo matara y lo despedazara, como había dicho el Señor".
27Luego dijo a sus hijos: "¡Aparejadme el asno!"; ellos lo hicieron.
28Partió y halló el cadáver del otro tendido en el camino, y el asno y el león de pie junto al cadáver. El león no había devorado el cadáver ni había despedazado al asno.
29El profeta tomó el cadáver del hombre de Dios, lo cargó sobre el asno y se lo llevó con él a su ciudad para hacer duelo y sepultarlo.
30Lo enterró en su propia sepultura, y le lloraron: "¡Ay, hermano mío!".
31Después de sepultarlo, dijo a sus hijos: "Cuando yo me muera, me enterraréis en la sepultura en que el hombre de Dios está enterrado; poned mis huesos junto a los suyos,
32porque con toda seguridad se cumplirá la palabra que de parte del Señor pronunció contra el altar que hay en Betel y contra todos los santuarios de las colinas que hay en las ciudades de Samaría".
33A pesar de esto, Jeroboán no se volvió atrás de su mal camino, sino que continuó creando del pueblo bajo sacerdotes para las colinas. A todo el que lo deseaba, le consagraba y le hacía sacerdote de las colinas.
34Éste fue el pecado de la casa de Jeroboán, por el que fue destruida y exterminada de la tierra.