Lucas 23
Biblia Reina Valera (1989) e ›1Entonces, levantándose toda la multitud de ellos, le llevaron a Pilato.
2Y comenzaron a acusarle diciendo: —Hemos hallado a éste que agita a nuestra nación, prohíbe dar tributo al César y dice que él es el Cristo, un rey.
3Entonces Pilato le preguntó diciendo: —¿Eres tú el rey de los judíos? Respondiendo le dijo: —Tú lo dices.
4Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: —No hallo ningún delito b en este hombre.
5Pero ellos insistían diciendo: —Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea, hasta aquí.
6Entonces Pilato, al oírlo, c preguntó si el hombre era galileo.
7Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, quien también estaba en Jerusalén en aquellos días.
8Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho; porque hacía mucho tiempo que deseaba verle, pues había oído muchas cosas de él y tenía esperanzas de que le vería hacer algún milagro. d
9Herodes le preguntaba con muchas palabras, pero Jesús no le respondió nada.
10Estaban allí los principales sacerdotes y los escribas, acusándole con vehemencia.
11Pero Herodes y su corte, después de menospreciarle y burlarse de él, le vistieron con ropa espléndida. Y volvió a enviarle a Pilato.
12Aquel mismo día se hicieron amigos Pilato y Herodes, porque antes habían estado enemistados.
13Entonces Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,
14y les dijo: —Me habéis presentado a éste como persona que desvía al pueblo. He aquí, yo le he interrogado delante de vosotros, y no he hallado ningún delito f en este hombre, de todo aquello que le acusáis.
15Tampoco Herodes, porque él nos lo remitió; g y he aquí no ha hecho ninguna cosa digna de muerte.
16Así que, le soltaré después de castigarle.
17h
18Pero toda la multitud dio voces a una, diciendo: —¡Fuera con éste! ¡Suéltanos a Barrabás!
19Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad y por un homicidio.
20Entonces Pilato les habló otra vez, queriendo soltar a Jesús.
21Pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: —¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
22El les dijo por tercera vez: —¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito de muerte he hallado en él. Le castigaré entonces, y le soltaré.
23Pero ellos insistían a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y sus voces i prevalecieron.
24Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían.
25Les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien ellos habían pedido, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
26Y ellos, al llevarle, tomaron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
27Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, las cuales lloraban y se lamentaban por él.
28Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: —Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.
29Porque he aquí vendrán días en que dirán: "Bienaventuradas las estériles, los vientres que no concibieron y los pechos que no criaron."
30Entonces comenzarán a decir a las montañas: "¡Caed sobre nosotros!" y a las colinas: "¡Cubridnos!" l
31Porque si con el árbol verde hacen estas cosas, ¿qué se hará con el seco?
32Llevaban también a otros dos, que eran malhechores, para ser ejecutados con él.
33Cuando llegaron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores: el uno a la derecha y el otro a la izquierda.
34Y Jesús decía: —Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. n Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. o
35El pueblo estaba de pie mirando, y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: —A otros salvó. Sálvese a sí mismo, si es el Cristo, el escogido de Dios.
36También los soldados le escarnecían, acercándose, ofreciéndole vinagre
37y diciéndole: —Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
38Había también sobre él un título escrito p que decía: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.
39Uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba diciendo: —¿No eres tú el Cristo? r ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!
40Respondiendo el otro, le reprendió diciendo: —¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condenación?
41Nosotros, a la verdad, padecemos con razón, porque estamos recibiendo lo que merecieron nuestros hechos; pero éste no hizo ningún mal.
42Y le dijo: —Jesús, s acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
43Entonces Jesús le dijo: —De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
44Cuando era como la hora sexta, u descendió oscuridad sobre la tierra hasta la hora novena. v
45El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por en medio.
46Entonces Jesús, gritando a gran voz, dijo: —¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! w Y habiendo dicho esto, expiró.
47Y cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: —¡Verdaderamente, este hombre era justo!
48Y toda la multitud que estaba presente en este espectáculo, al ver lo que había acontecido, volvía golpeándose el pecho.
49Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, se quedaron lejos, mirando estas cosas.
50He aquí, había un hombre llamado José, el cual era miembro del concilio, y un hombre bueno y justo.
51Este no había consentido con el consejo ni con los hechos de ellos. El era de Arimatea, ciudad de los judíos, y también esperaba el reino de Dios.
52Este se acercó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
53Después de bajarle de la cruz, le envolvió en una sábana de lino y le puso en un sepulcro cavado en una peña, en el cual nadie había sido puesto todavía.
54Era el día de la Preparación, y estaba por comenzar el sábado.
55Las mujeres que habían venido con él de Galilea, también le siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto el cuerpo.
56Entonces regresaron y prepararon especias aromáticas y perfumes, y reposaron el sábado, conforme al mandamiento. z