Salmos 74
Biblia del Peregrino (1993) ›1Maskil de Asaf. ¿Por qué, oh Dios, nos tienes abandonados y humea tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
2Acuérdate de la comunidad que fundaste antaño, que rescataste como tribu de tu propiedad del Monte Sión donde habitabas.
3Dirige tus pasos a estas ruinas perpetuas, a todo el destrozo del enemigo en el santuario.
4Rugían los agresores en medio de tu asamblea, plantaron como señal sus estandartes.
5Apareció como quien se abre paso a hachazos hacia arriba en la espesura;
6arrancaron todos los relieves, los trituraron con martillos y mazas;
7prendieron fuego a tu santuario, profanaron por tierra la morada de tu nombre.
8Proponían: ¡A todo su linaje, quemadlo, a todas las asambleas de Dios en el país!
9Ya no vemos nuestros signos ni tenemos un profeta ni nos queda quien sepa hasta cuándo.
10¿Hasta cuándo, oh Dios, afrentará el enemigo, despreciará el adversario sin cesar tu nombre?
11¿Por qué retraes tu mano izquierda y tienes la diestra escondida en el seno?
12Si eres, oh Dios, mi rey desde antiguo y ganaste victorias en medio de la tierra.
13Tú con tu fuerza agitaste el Mar, quebraste las cabezas de dragones en las aguas.
14Tú aplastaste las cabezas de Leviatán, la echaste en pasto a manadas de sátiros.
15Tú alumbraste manantiales y torrentes, tú secaste ríos inagotables.
16Tuyo es el día, tuya la noche, tú colocaste la luna y el sol.
17Tú trazaste los linderos del orbe, tú formaste el verano y el invierno.
18Recuerda, Señor, que el enemigo te ultraja y un pueblo insensato desprecia tu nombre.
19No entregues al buitre la vida de tu tórtola, no olvides para siempre la vida de tus pobres.
20Fíjate en la alianza: que están llenos los escondrijos del país de reductos de violencia.
21Que el oprimido no salga defraudado, que pobres y afligidos puedan alabar tu nombre.
22¡Levántate, Dios, defiende tu causa! recuerda los ultrajes continuos del insensato,
23no olvides las voces de los agresores, el tumulto creciente de los rebeldes contra ti.