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Salmos 44

Biblia del Peregrino (1993)

1Al director de coro. De los hijos de Coré. Maskil.

2Oh Dios, con nuestros oídos lo escuchamos, nuestros padres nos lo contaron: la obra que obraste en sus días,

3antaño: Tú, tu mano. Desposeíste naciones, los plantaste a ellos, trituraste naciones, los hiciste prosperar a ellos.

4Pues no se apoderaron de la tierra por su espada, su brazo no les dio la victoria; sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro; pues los amabas.

5¡Tú eres mi Rey y mi Dios, que asignas las victorias a Jacob!

6Con tu auxilio acorneamos al enemigo, en tu nombre pisoteamos al agresor.

7Pues no confío en mi arco, mi espada no me da la victoria;

8Tú nos das la victoria sobre el enemigo y derrotas a nuestros adversarios.

9Nuestra gloria es Dios en todo tiempo, siempre damos gracias a tu nombre.

10Ahora en cambio nos rechazas, nos avergüenzas y no sales con nuestras tropas.

11Nos haces retroceder ante el enemigo y nuestro adversario nos saquea.

12Nos entregas como ovejas para el consumo y nos dispersas entre los paganos.

13Vendes a tu pueblo por una miseria, no ganas mucho en la venta.

14Nos has hecho el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean.

15Nos has hecho el refrán de los paganos, nos hacen muecas las naciones.

16Tengo siempre delante mi deshonra, la vergüenza me cubre la cara,

17al oír insultos e injurias, al ver al enemigo agresivo.

18Todo esto nos sucede sin haberte olvidado, sin haber renegado de tu alianza.

19No se echó atrás nuestro corazón, no se desviaron nuestros pasos de tu senda.

20Pero nos trituraste en la guarida del Dragón, nos cubriste de tinieblas.

21Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios y extendido las palmas a un dios extranjero,

22¿no lo habría averiguado Dios, el que penetra los secretos del corazón?

23Por tu causa nos matan a cada momento, nos tratan como a ovejas de matanza.

24¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? Espabílate, no nos rechaces más.

25¿Por qué escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?

26Nuestro aliento se hunde en el polvo y el vientre se pega al suelo.

27¡Levántate a socorrernos, redímenos, por tu lealtad!

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