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Salmos 40

Biblia del Peregrino (1993)

1Al director de coro. De David. Salmo.

2Yo esperaba con ansia al Señor: se inclinó a mí y escuchó mi grito.

3Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa. Afianzó mis pies sobre una peña. y aseguró mis pasos.

4Me puso en la boca un canto nuevo de alabanza a nuestro Dios. Muchos al verlo quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor.

5¡Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a idolatrías que extravían con engaños.

6¡Cuántas maravillas has hecho tú, Señor Dios mío, cuántos planes en favor nuestro! Eres incomparable. Intento decirlas y contarlas, pero superan toda descripción.

7Sacrificios y ofrendas no los quieres; me has cavado oídos; no pides holocaustos ni víctimas expiatorias.

8Entonces yo digo: aquí he venido. En el texto del rollo se escribe de mí

9que he de cumplir tu voluntad: y yo lo quiero, Dios mío, llevo tu instrucción en las entrañas.

10He proclamado el derecho a una asamblea numerosa. No he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

11No me he guardado en el pecho tu justicia, he anunciado tu verdad y tu salvación, no he negado tu lealtad y fidelidad a la asamblea numerosa.

12Tú, Señor, no me cierres tus entrañas, que tu lealtad y fidelidad me guarden siempre.

13pues me cercan desgracias sin cuento, mis culpas me dan alcance y no puedo ver; son más que los pelos de la cabeza y me falta el valor.

14Dígnate librarme, Señor, date prisa, Señor, en socorrerme.

15Sufran una derrota ignominiosa los que me persiguen a muerte, retrocedan confundidos los que desean mi daño.

16Queden mudos de vergüenza los que se burlan: Ja, ja.

17Que te festejen y celebren los que te buscan; los que desean tu salvación digan siempre: ¡Grande es el Señor!

18Yo soy un pobre desgraciado, pero el Señor se cuida de mí. Tú eres mi auxilio y mi salvador, ¡Dios mío, no tardes!

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