Salmos 28
Biblia del Peregrino (1993) ›1David. A ti, Señor, te invoco. Roca mía, no te me hagas el sordo; que si te me callas, seré uno de tantos como bajan a la fosa.
2Escucha la voz de mi súplica cuando te pido auxilio, cuando tiendo las manos hacia tu templo sagrado.
3No me arrebates con los malvados ni con los malhechores: saludan con la paz al prójimo y con malicia en el corazón.
4Dales lo que merecen sus obras y la maldad de sus actos, dales lo que merecen sus acciones, devuélveles lo que se merecen.
5Como no atienden a la obra de Dios, a la acción de sus manos, los derribará y no los reconstruirá.
6¡Bendito sea el Señor que escuchó la voz de mi súplica!
7El Señor es mi fuerza y mi escudo: en él confía mi corazón. Me socorrió y mi corazón exulta y le canta agradecido.
8El Señor es mi fuerza y baluarte salvador de su Ungido.
9Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, apaciéntalos y llévalos por siempre.