Salmos 25
Biblia del Peregrino (1993) ›1De David. A ti, Señor Dios mío, levanto mi alma:
2en ti confío, no quede defraudado, no triunfen de mí mis enemigos.
3Los que esperan en ti no quedan defraudados; quedan defraudados los desleales sin razón.
4Indícame, Señor, tus caminos, enséñame tus sendas;
5encamíname con tu fidelidad, enséñame, pues tú eres mi Dios salvador. En ti espero todo el día por tu bondad, Señor.
6Acuérdate, Señor, que tu compasión y tu lealtad son eternas;
7de mis pecados juveniles, de mis culpas no te acuerdes; según tu lealtad, tú acuérdate de mí.
8Bueno y recto es el Señor; por eso señala a los pecadores el camino;
9encamina con el mandato a los humildes, enseña a los humildes su camino.
10Las sendas del Señor son lealtad y fidelidad para los que observan la alianza y sus preceptos.
11Por tu nombre, Señor, perdona mi delito por grande que sea.
12¿Quién es ése que respeta al Señor? Le indicará el camino que ha de escoger:
13la dicha será su morada y su descendencia poseerá un terreno.
14El Señor se confía a sus fieles y con su alianza los instruye.
15Mis ojos están fijos en el Señor pues él sacará mis pies de la red.
16Vuélvete a mí y ten piedad, que estoy solo y afligido;
17ensancha mi corazón apretado y sácame de mis congojas.
18Atiende a mi aflicción y mi fatiga y perdona todos mis pecados;
19mira cuántos son mis enemigos que me odian con odio violento.
20Guarda mi vida y líbrame que no quede defraudado de haberme acogido a ti.
21Rectitud y honradez me custodiarán porque espero en ti.
22Redime, Dios, a Israel de todos sus peligros.