Salmos 144
Biblia del Peregrino (1993) ›1De David. Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la batalla.
2Mi aliado, mi alcázar, mi baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete mi pueblo.
3Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él, el ser humano para que lo tengas en cuenta.
4El hombre se asemeja a un soplo, sus días, como una sombra que pasa.
5Señor, inclina tus cielos y desciende; toca las montañas y echarán humo.
6Fulmina el rayo y dispérsalos, dispara tus saetas y desbarátalos.
7Alarga la mano desde lo alto, defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas, de la mano de extranjeros
8cuya boca dice falsedades y cuya mano jura en falso.
9Oh Dios, te cantaré un canto nuevo, tañendo el arpa de diez cuerdas.
10Tú das la victoria a los reyes, tú protegiste a David, tu siervo.
11De la espada cruel defiéndeme, líbrame de la mano de extranjeros, cuya boca dice falsedades y cuya mano jura en falso.
12Sean nuestros hijos un plantío, crecidos desde la adolescencia; sean nuestras hijas columnas talladas, estructura de un templo.
13Estén repletos nuestros silos de frutos de toda especie; que nuestros rebaños a millares se multipliquen en los ejidos;
14que nuestros bueyes vengan cargados. No haya brechas ni portillos, no haya alarma en nuestras plazas.
15¡Dichoso el pueblo que tiene eso, dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor!